viernes, 21 de junio de 2013

CUENTOS E HISTORIAS PARA LA TERNURA



CUENTOS E HISTORIAS PARA LA TERNURA. 

La historia de este día jueves 14 de junio del 2013.


Amigas y amigos
Este día se cumplen 85 años del natalicio de El Ché. Por esas bromas de la vida yo envié hace un mes la historia escrita por Eduardo Galeano. Despistado que soy. Bueno, ahora les envío la misma obra de Galeano má sun texto escrito por José Saramago y un tercero por El Hombre del Traje Gris. Ojala y les gusten. Un abrazo y que recordar a este gran hombre nos llene de ternura para movernos a construir un mundo en donde quepan todos los mundos.


CAMPANADAS POR ÉL

¿Ha muerto en 1967, en Bolivia, porque se equivocó de hora y de lugar, de ritmo y de manera?  ¿O ha muerto nunca, en ninguna parte, porque no se equivocó en lo que de veras vale para todas las horas y lugares y ritmos y maneras? 
Creía que hay que defenderse de las trampas de la codicia, sin bajar jamás la guardia. Cuando era presidente del Banco Nacional de Cuba, firmaba Che los billetes, para burlarse del dinero. Por amor a la gente, despreciaba las cosas. Enfermo está el mundo, creía, donde tener y ser significan lo mismo. No guardó nunca nada para sí, ni pidió nada nunca. 
Vivir es darse, creía; y se dio.
                                                                                                         Eduardo Galeano


BREVE MEDITACIÓN SOBRE UN RETRATO DE CHE GUEVARA
                                                                                                        
                                                                                                          José Saramago

No importa que retrato. Uno cualquiera: serio, sonriendo, arma en mano, con Fidel o sin Fidel, diciendo un discurso en las Naciones Unidas, o muerto, con el torso desnudo y ojos entreabiertos, como si del otro lado de la vida todavía quisiera acompañar el rastro del mundo que tuvo que dejar, como si no se resignase a ignorar para siempre los caminos de las infinitas criaturas que estaban por nacer. Sobre cada una de estas imágenes se podría reflexionar profusamente, de un modo lírico o de un modo dramático, con la objetividad prosaica del historiador o simplemente como quien se dispone a hablar del amigo que descubre haber perdido porque no lo llegó a conocer.

Al Portugal infeliz y amordazado de Salazar y de Caetano llegó un día el retrato clandestino de Ernesto Che Guevara, el más célebre de todos, aquel hecho con manchas fuertes de negro y rojo, que se convirtió en la imagen universal de los sueños revolucionarios del mundo, promesa de victorias a tal punto fértiles que nunca habrían de degenerar en rutinas ni en escepticismos,antes darían lugar a otros muchos triunfos, el del bien sobre el mal, el de lo justo sobre lo inicuo, el de la libertad sobre la necesidad. Enmarcado o fijo a la pared por medios precarios, ese retrato estuvo presente en debates políticos apasionados en la tierra portuguesa, exalto argumentos, atenuó desánimos,arrullo esperanzas. Fue visto como un Cristo que hubiese descendido de la cruz para descrucificar a la humanidad, como un ser dotado de poderes absolutos que fuera capaz de extraer de una piedra con que se mataría toda la sed, y de transformar esa misma agua en el vino con que se bebería el esplendor de la vida. Y todo esto era cierto porque el retrato de Che Guevara fue, a los ojos de millones de personas, el retrato de la dignidad suprema del ser humano.

Pero fue también usado como adorno incongruente en muchas casas de la pequeña y de la media burguesía intelectual portuguesa, para cuyos integrantes las ideologías políticas de afirmación socialista no pasaban de un mero capricho coyuntural,forma supuestamente arriesgada de ocupar ocios mentales, frivolidad mundana que no pudo resistir al primer choque de la realidad, cuando los hechos vinieron a exigir el cumplimiento de las palabras. Entonces, el retrato del Che Guevara,testimonio, primero, de tantos inflamados anuncios de compromiso y de acción futura, juez, ahora, del miedo encubierto, de la renuncia cobarde o de la traición abierta, fue retirado de las paredes, escondido, en la mejor hipótesis, en el fondo de un armario, o radicalmente destruido, como se quisiera hacer con algo que hubiese sido motivo de vergüenza.

Una de las lecciones políticas más instructivas, en los tiempos de hoy, seria saber lo que piensan de sí mismos esos millares y millares de hombres y mujeres que en todo el mundo tuvieron algún día el retrato de Che Guevara a la cabecerade la cama, o enfrente de la mesa de trabajo, o en la sala donde recibían a lo samigos, y que ahora sonríen por haber creído o fingido creer. Algunos dirían que la vida cambió, que Che Guevara, al perder su guerra, nos hizo perder la nuestra, y por tanto era inútil echarse a llorar, como un niño a quien se le ha derramado la leche. Otros confesarían que se dejaron envolver por una moda del tiempo, la misma que hizo crecer barbas y alargar las melenas, como si la revolución fuera una cuestión de peluqueros. Los más honestos reconocerían que el corazón les duele, que sienten en el movimiento perpetuo de un remordimiento,como si su verdadera vida hubiese suspendido el curso y ahora les preguntase,obsesivamente, adonde piensan ir sin ideales ni esperanza, sin una idea de futuro que de algún sentido al presente.

Che Guevara, si tal se puede decir, ya existía antes de haber nacido, Che Guevara, si tal se puede afirmar, continúa existiendo después de haber muerto. Porque Che Guevara es sólo el otro nombre de lo que hay de mas justo y digno en el espíritu humano. Lo que tantas veces vive adormecido dentro de nosotros. Lo que debemos despertar para conocer y conocemos, para agregar el paso humilde de cada uno al camino de todos.



EL HOMBRE

   La puerta se abrió de un fuerte golpe.Apareció un hombre con un fusil. Tenía órdenes precisas de dispararle al prisionero abajo del cuello, nada en la cabeza.

El prisionero, atado de las manos, se levantó del suelo y dirigiéndose a su verdugo le dijo:
“Mírame a los ojos, sabes bien quien soy, mírame a los ojos porque vas a matar a un hombre”

El verdugo disparó su arma varias veces. “La  Oveja Negra” cayó al suelo.  Quienes mandaron al verdugo afirmaron que el prisionero estaba muerto al fin.

Sin embargo, al año siguiente,  en julio de 1968, se le vio caminando por las calles de la Ciudad de México, en el hermosos  Paseo de la Reforma junto a miles de estudiantes, trabajadores y amas de casa. Meses antes ya había sido visto en París y  en Tokio.

27 años después de haber sido acribillado, se le vio en una lejana comunidad de las montañas del sureste mexicano  sentado entre los matorrales, escuchando las platicas de los sin rostro para iniciar la guerra,  y seis años más tarde apareció en los campos de la Ciudad Universitaria de este mismo país, una vez más, con estudiantes, ahora del Consejo General de Huelga.

Cuando el primer presidente indígena de Bolivia pronunciaba un discurso en aquella  escuela en donde “El Hombre” estuvo detenido, él,  sentado a la sombra de un árbol estaba ahí, con su boina, su mirada serena, de amor, otra vez, escuchando a  su gente, a su pueblo, que alguna vez quienes lo acribillaron habían dicho que esos campesinos “lo habían abandonado”.

En junio del 2011 se le vio a bordo de uno de los camiones de La Caravana del Consuelo, y con ella atravesó 3 500 kilómetros de suelo mexicano. Y cuentan que en la comunidad de Vicente Guerrero, en el estado de Durango, estuvo escuchando los relatos de las madres de los muchachos que son secuestrados por  los sicarios y los paramilitares en la madrugada. Y dicen que “El necio”  las veía y apuntaba en su corazón aquellas palabras femeninas. Y que lo mismo hacía en todos lados, en Morelia, en San Luis, Durango, Torreón, Saltillo, Monterrey, Camargo, Jiménez, Delicias, Chihuahua y Juárez. Miraba, escuchaba, lloraba, apuntaba, y cuando había baile y canto, también ahí estaba.

El 1 de diciembre del 2012 se le vio en La Batalla de San Lázaro en la Ciudad de México junto a muchachas y muchachos perseguidos y golpeados por la policía. Y hace unos días, el pasado lunes 10 de junio de este 2013, él miraba y miraba desde la acera de la Catedral Metropolitana en el Zócalo de la Ciudad de México a los jóvenes que recordaban a sus muertos de hace 46 años y defendían su derecho a la protesta y a la dignidad.

Necio, necedad, dulce necedad, dulce firmeza. Murió como vivió, Vive como murió, caminando es lo que él es, y nace en cada momento.
Este hombre nace todos los días, ahí en donde hay dignidad, esperanza, amor, y disposición a la Revolución.
El Necio, La Oveja Negra, El Hombre,  sigue enseñando día a día la necedad de vivir sin tener precio.

                                                                                                     El Hombre del Traje Gris.






                                                                                        14 de junio del 2013.

sábado, 14 de abril de 2012

CUENTOS E HISTORIAS PARA LA TERNURA

El cuento de este día sábado 14 de abril del 2012.

Amigas y amigos

El día de ayer recibí un comentario de Elías Razo Hidalgo acerca del envío de un pedacito del cuento Nos han dado la tierra, de Juan Rulfo. “No me gustó que lo pusieras sólo esto”, me anotó este gran amigo. Yo le pregunté la causa de su disgusto y me contestó:“Simplemente porque está mutilado, aunque sea largo, aunque cueste trabajo leerlo, habría que tenerlo completo, a más que completo es bellísimo”.

Con esta observación, ahora les envío el cuento completo. Agradezco a Elías su comentario, espero que al igual que a este amigo y hermano, lo sientan “bellísimo”. De igual manera un abrazo a Ana Cuevas, Teresa Arévalo, David Casco, Lourdes García, Lola Larqué, Mary Hernández, Esperanza Hernández, Gabriel Leyva, Enrique Rocha, Sara Lía y Aurea Quezada por sus letras sobre este cuento. Va entonces la versión completa. Un abrazo y espero sus comentarios.


Para Fabián Gariglio Rangel, Pablo Esquivel, Alma Fernanda, María Fernanda Acevedo Arroyo, de 18 años; Daniel Bárcenas, de 19, y Pablo Sheivar Acreman, de 60, compañeras y compañeros estudiantes y profesor de la Facultad de Economía de la UNAM, fallecidos la mañana del jueves 12 de abril de este 2012 al ser embestido por un trailer el camión en que viajaban a Michoacán a realizar una práctica de campo. En donde hoy se encuentren, siguen con nosotros.


Nos han dado la tierra

Después de tantas horas de caminar sin encontrar ni una sombra de árbol, ni una semilla de árbol, ni una raíz de nada, se oye el ladrar de los perros.
Uno ha creído a veces, en medio de este camino sin orillas, que nada habría después; que no se podría encontrar nada al otro lado, al final de esta llanura rajada de grietas y de arroyos secos. Pero si, hay algo. Hay un pueblo. Se oye que ladran los perros y se siente en el aire el olor del humo, y se saborea ese olor de la gente como si fuera una esperanza.
Pero el pueblo está todavía muyC gran carabina hicieron el que lo acerca.
ierra ligroso andar armado. Lo matan a uno sin avisarle, viéndolo a toda hora con “la 30” amarrada a las correas. Pero los caballos son otro asunto. De venir a caballo ya hubiéramos probado el agua verde del río, y paseado nuestros estómagos por las calles del pueblo para que se les bajara la comida. Ya lo hubiéramos hecho de tener todos aquellos caballos que teníamos. Pero también nos quitaron los caballos junto con la carabina.
Vuelvo hacia todos lados y miro el Llano. Tanta y tamaña tierra para nada. Se le resbalan a uno los ojos al no encontrar cosa que los detenga. Sólo unas cuantas lagartijas salen a asomar la cabeza por encima de sus agujeros, y luego que sienten la tatema del sol corren a esconderse en la sombrita de una piedra. Pero nosotros, cuando tengamos que trabajar aquí, ¿qué haremos para enfriarnos del sol eh? Porque a nosotros nos dieron esta costra de tepetate para que la sembráramos.
Nos dijeron:
—Del pueblo para acá es de ustedes.
Nosotros preguntamos:
—¿El Llano?
—Sí, el Llano. Todo el Llano Grande.
Nosotros paramos la jeta para decir quesas. Por eso a nadie le da por platicar.
Cae una gota de agua, gran carabina hicieron bien. Por acá re tierra ligroso andar armado. Lo matan a uno sin avisarle, viéndolo a toda hora con “la 30” amarrada a las correas. Pero los caballos son otro asunto. De venir a caballo ya hubiéramos probado el agua verde del río, y paseado nuestros estómagos por las calles del pueblo para que se les bajara la comida. Ya lo hubiéramos hecho de tener todos aquellos caballos que teníamos. Pero también nos quitaron los caballos junto con la carabina.
Vuelvo hacia todos lados y miro el Llano. Tanta y tamaña tierra para nada. Se le resbalan a uno los ojos al no encontrar cosa que los detenga. Sólo unas cuantas lagartijas salen a asomar la cabeza por encima de sus agujeros, y luego que sienten la tatema del sol corren a esconderse en la sombrita de una piedra. Pero nosotros, cuando tengamos que trabajar aquí, ¿qué haremos para enfriarnos del sol eh? Porque a nosotros nos dieron esta costra de tepetate para que la sembráramos.
Nos dijeron:
—Del pueblo para acá es de ustedes.
Nosotros preguntamos:
—¿El Llano?
—Sí, el Llano. Todo el Llano Grande.
Nosotros paramos la jeta para decir que el Lla la carabina.
Yo siempre he pensado que en eso de quitarnos la carabina hicieron bien. Por acá resulta peligroso andar armado. Lo matan a uno sin avisarle, viéndolo a toda hora con “la 30” amarrada a las correas. Pero los caballos son otro asunto. De venir a caballo ya hubiéramos probado el agua verde del río, y paseado nuestros estómagos por las calles del pueblo para que se les bajara la comida. Ya lo hubiéramos hecho de tener todos aquellos caballos que teníamos. Pero también nos quitaron los caballos junto con la carabina.
Vuelvo hacia todos lados y miro el Llano. Tanta y tamaña tierra para nada. Se le resbalan a uno los ojos al no encontrar cosa que los detenga. Sólo unas cuantas lagartijas salen a asomar la cabeza por encima de sus agujeros, y luego que sienten la tatema del sol corren a esconderse en la sombrita de una piedra. Pero nosotros, cuando tengamos que trabajar aquí, ¿qué haremos para enfriarnos del sol eh? Porque a nosotros nos dieron esta costra de tepetate para que la sembráramos.
Nos dijeron:
—Del pueblo para acá es de ustedes.
Nosotros preguntamos:
—¿El Llano?
—Sí, el Llano. Todo el Llano Grande.
Nosotros paramos la jeta para decir que el Llano no lo queríamos. Que queríamos lo que estaba junto al río. Del río para allá, por las vegas, donde están esos árboles llamados casuarinas y las paraneras y la tierra buena. No este duro pellejo de vaca que se llama el Llano.
Pero no nos dejaron decir nuestras cosas. El delegado no venía a conversar con nosotros. Nos puso los papeles en la mano y nos dijo:
—No se vayan a asustar por tener tanto terreno para ustedes solos.
—Es que el Llano, señor delegado...
—Son miles y miles de yuntas.
—Pero no hay agua. Ni siquiera para hacer un buche hay agua.
¿Y el temporal? Nadie les dijo que se les iba a dotar con tierras de riego. En cuanto allí llueva, se levantará el maíz como si lo estiraran.
—Pero, señor delegado, la tierra está deslavada, dura. No creemos que el arado se entierre en esa como cantera que es la tierra del Llano. Habría que hacer agujeros con el azadón para sembrar la semilla y ni aun así es positivo que nazca nada; ni maíz ni nada nacerá.
C2�Cuál tierra nos ha dado, Melitón? Aquí no hay ni la tantita que necesitaría el viento para jugar a los remolinos.� la tierra.
—Espérenos usted, señor delegado. Nosotros no hemos dicho nada contra el Centro. Todo es contra el Llano... No se puede contra lo que no se puede. Eso es lo que hemos dicho... Espérenos usted para explicarle. Mire, vamos a comenzar por donde íbamos...
Pero él no nos quiso oír.
Así nos han dado esta tierra. Y en este comal acalorado quieren que sembremos semillas de algo, para ver si algo retoña y se levanta. Pero nada se levantará de aquí. Ni zopilotes. Uno los ve allá cada y cuando, muy arriba, volando a la carrera; tratando de salir lo más pronto posible de este blanco terrenal endurecido, donde nada se mueve y por donde uno camina como reculando.
Melitón dice:
—Esta es la tierra que nos han dado.
Faustino dice:
—¿Qué?
Yo no digo nada. Yo pienso: “Melitón no tiene la cabeza en su lugar. Ha de ser el calor el que lo hace hablar así. El calor, que le ha traspasado el sombrero y le ha calentado la cabeza. Y si no, ¿por qué dice lo que dice? ¿Cuál tierra nos ha dado, Melitón? Aquí no hay ni la tantita que necesitaría el viento para jugar a los remolinos.”
Melitón vuelve a decir:
—Servirá de algo. Servirá aunque sea para correr yeguas .
—¿Cuáles yeguas? —le pregunta Esteban.
Yo no me había fijado bien a bien en Esteban. Ahora que habla, me fijo en él.
Lleva os como si fuera un atajo de mulas lo que bajará por allí; pero nos gusta llenarnos de polvo. Nos gusta. Después de venir durante once horas pisando la dureza del Llano, nos sentimos muy a gusto envueltos en aquella cosa que brinca sobre nosotros y sabe a tierra.
Por encima del río, sobre las copas verdes de las casuarinas, vuelan parvadas de chachalacas verdes. Eso también es lo que nos gusta.
Ahora los ladridos de los perros se oyen aquí, junto a nosotros, y es que el viento que viene del pueblo retacha en la barranca y la llena de todos sus ruidos.
Esteban ha vuelto a abrazar su gallina cuando nos acercamos a las primeras casas. Le desata las patas para desentumecerla, y luego él y su gallina desaparecen detrás de unos tepemezquites.
—¡Por aquí arriendo yo! —nos dice Esteban.
Nosotros seguimos adelante, más adentro del pueblo.
La tierra que nos han dado está allá arriba.

Juan Rulfo
(México, 1918-1986)
Nos han dado la tierra
Originalmente publicado en la revista Pan (de Guadalaelante. Se ve que ha agarrado a la gallina por las patas y la zangolotea a cada rato, para no, golpearle la cabeza contra las piedras.
Conforme bajamos, la tierra se hace buena. Sube polvo desde nosotros como si fuera un atajo de mulas lo que bajará por allí; pero nos gusta llenarnos de polvo. Nos gusta. Después de venir durante once horas pisando la dureza del Llano, nos sentimos muy a gusto envueltos en aquella cosa que brinca sobre nosotros y sabe a tierra.
Por encima del río, sobre las copas verdes de las casuarinas, vuelan parvadas de chachalacas verdes. Eso también es lo que nos gusta.
Ahora los ladridos de los perros se oyen aquí, junto a nosotros, y es que el viento que viene del pueblo retacha en la barranca y la llena de todos sus ruidos.
Esteban ha vuelto a abrazar su gallina cuando nos acercamos a las primeras casas. Le desata las patas para desentumecerla, y luego él y su gallina desaparecen detrás de unos tepemezquites.
—¡Por aquí arriendo yo! —nos dice Esteban.
Nosotros seguimos adelante, más adentro del pueblo.
La tierra que nos han dado está allá arriba.

Juan Rulfo
(México, 1918-1986)
Nos han dado la tierra
Originalmente publicado en la revista Pan (de Guadalajara)
Nº 2, julio, 1945
(El llano en llamas, 1953)

jueves, 12 de abril de 2012

CUENTOS E HISTORIAS PARA LA TERNURA. El cuento de este día viernes 13 de abril del 2012


CUENTOS E HISTORIAS
PARA LA TERNURA
El cuento de este día
viernes 13 de abril del 2012.
Amigas y amigos
Hoy les envío una partecita del cuento Nos han dado la Tierra de el gran mexicano Juan Rulfo. Espero y les guste. La pintura es de Sergio Michilni, les recomiendo visitar su página http://www3.varesenews.it/blog/labottegadelpittore/?p=8226
Como siempre, espero sus comentarios. Un abrazo.
Para Fabián Gariglio Rangel, Pablo Esquivel, Alma Fernanda, María Fernanda Acevedo Arroyo, de 18 años; Daniel Bárcenas, de 19, y Pablo Sheivar Acreman, de 60, compañeras y compañeros estudiantes y profesor de la Facultad de Economía de la UNAM, fallecidos la mañana del jueves 12 de abril de este 2012 al ser embestido por un trailer el camión en que viajaban a Michoacán a realizar una práctica de campo. En donde hoy se encuentren, siguen con nosotros.
NOS HAN DADO LA TIERRA
Vuelvo hacia todos lados y miro el llano. Tanta y tamaña tierra para nada. Se le resbalan a uno los ojos al no encontrar cosa que los detenga. Sólo unas cuantas lagartijas salen a asomar la cabeza por encima de sus agujeros, y luego que sienten la tatema del sol corren a esconderse en la sombrita de una piedra. Pero nosotros, cuando tengamos que trabajar aquí, ¿qué haremos para enfriarnos del sol, eh? Porque a nosotros nos dieron esta costra de tapetate para que la sembráramos.
Nos dijeron:
-Del pueblo para acá es de ustedes.
Nosotros preguntamos:
-¿El Llano?
- Sí, el llano. Todo el Llano Grande.
Nosotros paramos la jeta para decir que el llano no lo queríamos. Que queríamos lo que estaba junto al río. Del río para allá, por las vegas, donde están esos árboles llamados casuarinas y las paraneras y la tierra buena. No este duro pellejo de vaca que se llama Llano.
Pero no nos dejaron decir nuestras cosas. El delegado no venía a conversar con nosotros. Nos puso los papeles en la mano y nos dijo:
No se vayan a asustar por tener tanto terreno para ustedes solos.
-Es que el llano, señor delegado...
-Son miles y miles de yuntas.
-Pero no hay agua. Ni siquiera para hacer un buche hay agua.
-¿Y el temporal? Nadie les dijo que se les iba a dotar con tierras de riego. En cuanto allí llueva, se levantará el maíz como si lo estiraran.
- Pero, señor delegado, la tierra está deslavada, dura. No creemos que el arado se entierre en esa como cantera que es la tierra del Llano. Habría que hacer agujeros con el azadón para sembrar la semilla y ni aun así es positivo que nazca nada; ni maíz ni nada nacerá.
- Eso manifiéstenlo por escrito. Y ahora váyanse. Es al latifundio al que tienen que atacar, no al Gobierno que les da la tierra.
- Espérenos usted, señor delegado. Nosotros no hemos dicho nada contra el Centro. Todo es contra el Llano... No se puede contra lo que no se puede. Eso es lo que hemos dicho... Espérenos usted para explicarle. Mire, vamos a comenzar por donde íbamos...
Pero él no nos quiso oír.
Así nos han dado esta tierra. Y en este comal acalorado quieren que sembremos semillas de algo, para ver si algo retoña y se levanta. Pero nada se levantará de aquí. Ni zopilotes. Uno los ve allá cada y cuando, muy arriba, volando a la carrera; tratando de salir lo más pronto posible de este blanco terregal endurecido, donde nada se mueve y por donde uno camina como reculando.
Melitón dice:
-Esta es la tierra que nos han dado.
Faustino dice:
-¿Qué?
Yo no digo nada. Yo pienso: "Melitón no tiene la cabeza en su lugar. Ha de ser el calor el que lo hace hablar así. El calor, que le ha traspasado el sombrero y le ha calentado la cabeza. Y si no, ¿por qué dice lo que dice? ¿Cuál tierra nos han dado, Melitón? Aquí no hay ni la tantita que necesitaría el viento para jugar a los remolinos."
Melitón vuelve a decir:
-Servirá de algo. Servirá aunque sea para correr yeguas.

miércoles, 11 de abril de 2012

CUENTOS E HISTORIAS PARA LA TERNURA. El cuento de este día sábado 7 de abril del 2012


CUENTOS E HISTORIAS PARA LA TERNURA.
El cuento de este día sábado 7 de abril del 2012

Estimadas amigas y amigos.

El pasado martes 3 de abril leí varios mensajes de narradoras y narradores que comentaban su dolor por la muerte
de un gran hombre que escribió y publicó cerca de 72 libros de cuentos infantiles. Él es Gustavo Roldán.
Ante este suceso leí varias notas y encontré lo publicado por Verónica Sukaczer en la Revista Cultural Ñ; “Difícil escribir estas líneas. Se me nubla el monitor. Porque hoy es un día triste para todos los que amamos los libros y las historias. Es un día triste para los bichos del monte. Como un día lo hizo el viejo tatú, el escritor Gustavo Roldán cerró los ojos la noche del 2 de abril y murió.

Nacido en el ’35 y criado en Fortín Lavalle, provincia de Chaco, Roldán fue un chico del monte, que creció escuchando cuentos que iban saltando de fogón en fogón y que no eran del todo cuentos. Historias con animales, con luces malas, con lobizones. Así le creció la imaginación y le creció el cuerpo, y un día simplemente se llevó a todos esos bichos a vivir a sus historias. Yo pienso que los guardaba en los innumerables bolsillos de sus muchos chalecos de pescador que gustaba usar. Sí, creo que en un bolsillo ocultaba al sapo, y en otro al quirquincho, y al tatú, los bichos colorados, piojos, pulgas, algún zorro, un ñandú, muchos pájaros.”

También quiero anotar aquí lo que Gustavo Roldán escribió en su autobiografía: "Aspiro a escribir textos donde la cantidad de años que tenga el lector no sea más que un accidente como el verano o la lluvia o el frío."

Reinició el envío de CUENTOS E HISTORIAS PARA LA TERNURA con un cuento de este gran argentino. Ojala y les guste tanto como a mí. Espero sus comentarios, y estoy seguro que en donde esté Gustavo seguirá jugando con los bichos y animales, y escribiendo sus entretenidos y hermosos cuentos.

COMO SI EL RUIDO PUDIERA MOLESTAR

Fue como si el viento hubiera comenzado a traer las penas. Y de repente todos los animales se enteraron de la noticia. Abrieron muy grandes los ojos y la boca, y se quedaron con la boca abierta, sin saber qué decir.
Es que no había nada que decir.
Las nubes que trajo el viento taparon el sol. Y el viento se quedó quieto, dejó de ser viento y fue un murmullo entre las hojas, dejó de ser murmullo y apenas fue una palabra que corrió de boca en boca hasta que se perdió en la distancia.
Ahora todos lo sabían: el viejo tatú estaba a punto de morir.
Por eso los animales lo rodeaban, cuidándolo, pero sin saber qué hacer.
—Es que no hay nada que hacer —dijo el tatú con una voz que apenas se oía—. Además, me parece que ya era hora.
Muchos hijos y muchísimos nietos tatucitos miraban con una tristeza larga en los ojos.
—¡Pero, don tatú, no puede ser! —dijo el piojo—, si hasta ayer nomás nos contaba todas las cosas que le hizo al tigre.
—¿Se acuerda de las veces que lo embromó al zorro?
—¿Y de las aventuras que tuvo con don sapo?
—¡Y cómo se reía con las mentiras del sapo!
Varios quirquinchos, corzuelas y monos muy chicos, que no habían oído hablar de la muerte, miraban sin entender.
—¡Eh, don sapo! —dijo en voz baja un monito—. ¿Qué le pasa a don tatú? ¿Por qué mi papá dice que se va a morir?
—Vamos, chicos —dijo el sapo—, vamos hasta el río, yo les voy a contar.
Y un montón de quirquinchos, corzuelas y monitos lo siguieron hasta la orilla del río, para que el sapo les dijera qué era eso de la muerte.
Y les contó que todos los animales viven y mueren. Que eso pasaba siempre, y que la muerte, cuando llega a su debido tiempo, no era una cosa mala.
—Pero don sapo —preguntó una corzuela—, ¿entonces no vamos a jugar más con don tatú?
—No. No vamos a jugar más.
—¿Y él no está triste?
—Para nada. ¿Y saben por qué?
—No, don sapo, no sabemos...
—No está triste porque jugó mucho, porque jugó todos los juegos. Por eso se va contento.
—Claro —dijo el piojo—. ¡Cómo jugaba!
—¡Pero tampoco va a pelear más con el tigre!
—No, pero ya peleó todo lo que podía. Nunca lo dejó descansar tranquilo al tigre. También por eso se va contento.
—¡Cierto! —dijo el piojo—. ¡Cómo peleaba!
—Y además, siempre anduvo enamorado. También es muy importante querer mucho.
—¡Él sí que se divertía con sus cuentos, don sapo! —dijo la iguana.
—¡Como para que no! Si más de una historia la inventamos juntos, y por eso se va contento, porque le gustaba divertirse y se divirtió mucho.
—Cierto —dijo el piojo—. ¡Cómo se divertía!
—Pero nosotros vamos a quedar tristes, don sapo.
—Un poquito sí, pero... —la voz le quedó en la garganta y los ojos se le mojaron al sapo —. Bueno, mejor vamos a saludarlo por última vez.
—¿Qué está pasando que hay tanto silencio? —preguntó el tatú con esa voz que apenas se oía—. Creo que ya se me acabó la cuerda. ¿Me ayudan a meterme en la cueva?
Al piojo, que estaba en la cabeza del ñandú, se le cayó una lágrima, pero era tan chiquita que nadie se dio cuenta.
El tatú miró para todos lados, después bajó la cabeza, cerró los ojos, y murió.

Muchos ojos se mojaron, muchos dientes se apretaron, por muchos cuerpos pasó un escalofrío.

Todos sintieron que los oprimía una piedra muy grande.
Nadie dijo nada.
Sin hacer ruido, como si el ruido pudiera molestar, los animales se fueron alejando.

El viento sopló y sopló, y comenzó a llevarse las penas. Sopló y sopló, y las nubes se abrieron para que el sol se pusiera a pintar las flores. El viento hizo ruido con las hojas de los árboles y silbó entre los pastos secos.

—¿Se acuerdan —dijo el sapo— cuando hizo el trato con el zorro para sembrar maíz?

Gustavo Roldán

martes, 11 de octubre de 2011

NUESTROS CONCIERTOS DE HISTORIAS Y CUENTOS


La Asociación Mexicana de Ayuda a Niños con Cáncer (AMANC) con
IMAGINA, Compañía de historias, cuentos, música y canto
Te invitan al concierto de historias y cuentos.
CADA ANIMAL TIENE SU
HISTORIA Y SU CUENTO
Este domingo 16 de octubre a las 11 de la mañana
Calle Magisterio Nacional número 100. Col. Centro de Tlalpan.
EL JAGUAR
Andaba el jaguar cazando, armado de arco y flechas, cuando encontró una sombra. Quiso atraparla y no pudo. Alzo la cabeza. El dueño de la sombra era el joven Botoque, de la tribu kayapó, casi muerto de hambre en lo alto de una roca.
Botoque no tenía fuerzas para moverse y apenas si pudo balbucear unas palabras. El jaguar bajó el arco y lo invitó a comer carne asada en su casa. Aunque el muchacho no sabía lo que significaba la palabra “asada”, aceptó el convive y se dejó caer sobre el lomo del cazador.
- Traes el hijo de otro – Reprochó la mujer.
- Ahora es mi hijo – dijo el jaguar
Botoque vio el fuego por primera vez. Conoció el horno de piedra y el sabor de la carne asada de tapir y venado. Supo que el fuego ilumina y calienta. El jaguar le regaló un arco y flechas y le enseñó a defenderse.
Un día, Botoque huyó. Había matado a la mujer del jaguar.
Largo tiempo corrió, desesperado, y no se detuvo hasta llegar a su pueblo. Allí contó su historia y mostró los secretos; el arma nueva y la carne asada. Los kayapó decidieron apoderarse del fuego y de las armas y él los condujo a la casa remota.
Desde entonces, el jaguar odia a los hombres. Del fuego, no le quedó más que el reflejo que brilla en sus pupilas. Para cazar, sólo cuenta con los colmillos y las garras, y come cruda la carne de sus víctimas.

lunes, 3 de octubre de 2011

AÑO 10 DE NARRAR HISTORIAS Y CUENTOS


10 AÑOS RECOGIENDO Y NARRANDO HISTORIAS

En este 2011 cumplimos 10 años de narrar historias y cuentos.

Hemos contado en la calle, en plantones, en auditorios, en escuelas, cárceles, milpas, huelgas de hambre, a pleno cerro, en museos, en la Ciudad de México, Monterrey, Garza García, Atzayapan, La Habana, Cali, Sta. María Chiconautla, Tlalnepantla, Buga, Sta. Ursula, Matanzas, Roldanillo, Tuluá, ante niñas y niños, ancianos, ancianas, jóvenes y jóvenas, hombres, mujeres, en jardines de niños y niñas, en primarias, secundarias, en la UNAM , en el Poli no, porque no nos han invitado, en fin, hemos vivido la emoción de contar.

En noviembre realizaremos una serie de actividades para celebrarlo. Próximamente presentaremos nuestro calendario de eventos. Si tienes alguna idea o deseas participar, has llegar tus propuestas.

Estamos preparando nuestro informe de trabajo que pronto te haremos llegar.

PARTICIPA EN NUESTRO CUMPLEAÑOS NÚMERO DIEZ. ESTO APENAS EMPIEZA !!!!!

sábado, 10 de octubre de 2009

NUESTRO CD DE HISTORIAS Y CUENTOS ALLÁ DONDE LA TIERRA TERMINA


A todos nuestras amigas y amigos les informamos que ya está en circulación nuestro último CD.

El sábado 26 de septiembre de este 2009, en el Café Serenísima ubicado en la colonia Condesa de la Ciudad de México, Distrito Federal, presentamos nuestro cuarto disco de narraciones.
Este CD es para celebrar el octavo aniversario de nuestra Compañía de Historias y Cuentos, y que mejor celebración de narrar que presentando a nuestras amigas y amigos las historias de Nicolás Buenaventura, ese extraordinario escritor y narrador oral que con sus cuentos nos enseña la posibilidad de imaginar y la confianza para continuar con nuestras utopías.

Las Historias y los Cuentos de Nicolás Buenaventura son narraciones que nos llevan de la mano por todas las emociones del ser humano. Viajero del planeta, recoge historias lo mismo en Malí que Buenaventura, París, la Ciudad de México, o Cali. Así nos cuenta lo que escucha y lo que vive. Nos habla de los dioses primeros, de la creación del mundo, de las mujeres, de los hombres, los ancianos, de las alegrías y de las tristezas de todos ellos y de todos nosotros.

Nicolás escribe y cuenta sus cuentos a partir de problemas o situaciones que escucha o se plantea. Por esto, sus historias son vivas, emocionantes, profundas, sencillas. Cuando él aparece ante nuestros ojos y oídos. Sentado, con los pies descalzos y acompañándose de una música de colores, nuestro corazón se vuelve todo oídos y uno se traslada a la historia que nos narra.

Hemos escogido las Historias y los Cuentos de este gran colombiano para celebrar el octavo aniversario de nuestra compañía de narración oral. Estos son tiempos en donde la violencia, la desesperanza, el crimen, la traición y la deshumanización se pasea placidamente por el mundo. Las letras y las palabras de mujeres y hombres como Nicolás Buenaventura siempre nos ayudarán a caminar por los senderos de la amistad, del amor, de la esperanza, de la utopía, de la confianza en el corazón y el espíritu del ser humano, son historias y cuentos que nos ayudan a regresar a nuestras raíces y a reconstruir nuestra identidad personal y colectiva.
Carolina Velázquez nos dice “Cuento historias de Nicolás Buenaventura porque tocan puntos esenciales de la condición humana” y Alejandro Mosqueda afirma “Narro cuentos de Nicolás Buenaventura porque pueden parecer tan sencillos como el llanto de un niño, pero son al tiempo tan intensos y fuertes como la mirada de una niña. Porque me hacen volar, imaginar y me gusta compartir el volar y el imaginar.”

En su historia de Iacob, Nicolás nos habla de un hombre que le dice a un niño “Cuento cuentos para cambiar al mundo” e inmediatamente agrega: “Antes contaba cuentos para cambiar al mundo, ahora cuento cuentos para que el mundo no me cambie”. Creo que nosotros seguimos contando historias y cuentos para ayudar a cambiar este mundo, y por esa necia voluntad de resistirse a la deshumanización, contamos para seguir en este camino de reconstruirnos todos.

Para la edición del álbum invitado a Carolina Velázquez y a Alejandro Mosqueda. Ella es narradora oral, periodista, feminista, terapeuta y entrañable amiga nuestra. Él es promotor cultural, periodista, actor, sociólogo y narrador de historias y cuentos, también entrañable amigo y cómplice de muchas aventuras. Ambos mexicanos. Nuestras narraciones van de la mano de la música de Rubén Blades, Roberto Perera, Eliane Elías, B. Coulais, Chocolate Armenteros, Bebo Valdéz y Cachao.
Este CD está dedicado a la memoria de Don Luis Arroyo Candía, amigo, padre abuelo, por las historias que nos contó y la vida que siempre nos regaló.
Si deseas tener este CD escribenos a nuetra direción electrónica o deja un mensaje en este blog, nosotros nos pondremos en contacto contigo.