lunes, 2 de febrero de 2015

Cuentos e historias para la ternura. El cuento de este martes 3 de febrero 2015. LA NOCHE DE LOS FEOS. M. Benedetti.

Amigas y amigos. En esta ocasión les envìo la  historia de un hombre y una mujer que se encuentra y descubren que son lo máximo el uno para el otro. El gran Benedetti la escribe con esa ternura que le es característica. En este mundo tan lleno de violencia, explotaaciòn e injusticias, es urgente que a diario nos encontremos con ternuras y emociones como las que se viven en esta historia, y que  aparezcan cientos y cientos de letras como las de Benedetti, tan hermosas, tiernas y tan comprometidas con la humanidad y sobre todo, con los pobres del planeta. Un abrazo y espero que les guste



La noche de los feos


Mario Benedetti







1

Ambos somos feos. Ni siquiera vulgarmente feos. Ella tiene un pómulo hundido. Desde los ocho años, cuando le hicieron la operación. Mi asquerosa marca junto a la boca viene de una quemadura feroz, ocurrida a comienzos de mi adolescencia.
Tampoco puede decirse que tengamos ojos tiernos, esa suerte de faros de justificación por los que a veces los horribles consiguen arrimarse a la belleza. No, de ningún modo. Tanto los de ella como los míos son ojos de resentimiento, que sólo reflejan la poca o ninguna resignación con que enfrentamos nuestro infortunio. Quizá eso nos haya unido. Tal vez unido no sea la palabra más apropiada. Me refiero al odio implacable que cada uno de nosotros siente por su propio rostro.
Nos conocimos a la entrada del cine, haciendo cola para ver en la pantalla a dos hermosos cualesquiera. Allí fue donde por primera vez nos examinamos sin simpatía pero con oscura solidaridad; allí fue donde registramos, ya desde la primera ojeada, nuestras respectivas soledades. En la cola todos estaban de a dos, pero además eran auténticas parejas: esposos, novios, amantes, abuelitos, vaya uno a saber. Todos -de la mano o del brazo- tenían a alguien. Sólo ella y yo teníamos las manos sueltas y crispadas.

Nos miramos las respectivas fealdades con detenimiento, con insolencia, sin curiosidad. Recorrí la hendidura de su pómulo con la garantía de desparpajo que me otorgaba mi mejilla encogida. Ella no se sonrojó. Me gustó que fuera dura, que devolviera mi inspección con una ojeada minuciosa a la zona lisa, brillante, sin barba, de mi vieja quemadura.

Por fin entramos. Nos sentamos en filas distintas, pero contiguas. Ella no podía mirarme, pero yo, aun en la penumbra, podía distinguir su nuca de pelos rubios, su oreja fresca bien formada. Era la oreja de su lado normal.
Durante una hora y cuarenta minutos admiramos las respectivas bellezas del rudo héroe y la suave heroína. Por lo menos yo he sido siempre capaz de admirar lo lindo. Mi animadversión la reservo para mi rostro y a veces para Dios. También para el rostro de otros feos, de otros espantajos. Quizá debería sentir piedad, pero no puedo. La verdad es que son algo así como espejos. A veces me pregunto qué suerte habría corrido el mito si Narciso hubiera tenido un pómulo hundido, o el ácido le hubiera quemado la mejilla, o le faltara media nariz, o tuviera una costura en la frente.

La esperé a la salida. Caminé unos metros junto a ella, y luego le hablé. Cuando se detuvo y me miró, tuve la impresión de que vacilaba. La invité a que charláramos un rato en un café o una confitería. De pronto aceptó.
La confitería estaba llena, pero en ese momento se desocupó una mesa. A medida que pasábamos entre la gente, quedaban a nuestras espaldas las señas, los gestos de asombro. Mis antenas están particularmente adiestradas para captar esa curiosidad enfermiza, ese inconsciente sadismo de los que tienen un rostro corriente, milagrosamente simétrico. Pero esta vez ni siquiera era necesaria mi adiestrada intuición, ya que mis oídos alcanzaban para registrar murmullos, tosecitas, falsas carrasperas. Un rostro horrible y aislado tiene evidentemente su interés; pero dos fealdades juntas constituyen en sí mismas un espectáculos mayor, poco menos que coordinado; algo que se debe mirar en compañía, junto a uno (o una) de esos bien parecidos con quienes merece compartirse el mundo.

Nos sentamos, pedimos dos helados, y ella tuvo coraje (eso también me gustó) para sacar del bolso su espejito y arreglarse el pelo. Su lindo pelo.
"¿Qué está pensando?", pregunté.

Ella guardó el espejo y sonrió. El pozo de la mejilla cambió de forma.
"Un lugar común", dijo. "Tal para cual".

Hablamos largamente. A la hora y media hubo que pedir dos cafés para justificar la prolongada permanencia. De pronto me di cuenta de que tanto ella como yo estábamos hablando con una franqueza tan hiriente que amenazaba traspasar la sinceridad y convertirse en un casi equivalente de la hipocresía. Decidí tirarme a fondo.

"Usted se siente excluida del mundo, ¿verdad?"
"Sí", dijo, todavía mirándome.
"Usted admira a los hermosos, a los normales. Usted quisiera tener un rostro tan equilibrado como esa muchachita que está a su derecha, a pesar de que usted es inteligente, y ella, a juzgar por su risa, irremisiblemente estúpida."

"Sí."
Por primera vez no pudo sostener mi mirada.
"Yo también quisiera eso. Pero hay una posibilidad, ¿sabe?, de que usted y yo lleguemos a algo."
"¿Algo cómo qué?"
"Como querernos, caramba. O simplemente congeniar. Llámele como quiera, pero hay una posibilidad."
Ella frunció el ceño. No quería concebir esperanzas.
"Prométame no tomarme como un chiflado."
"Prometo."
"La posibilidad es meternos en la noche. En la noche íntegra. En lo oscuro total. ¿Me entiende?"
"No."
"¡Tiene que entenderme! Lo oscuro total. Donde usted no me vea, donde yo no la vea. Su cuerpo es lindo, ¿no lo sabía?"
Se sonrojó, y la hendidura de la mejilla se volvió súbitamente escarlata.
"Vivo solo, en un apartamento, y queda cerca."
Levantó la cabeza y ahora sí me miró preguntándome, averiguando sobre mí, tratando desesperadamente de llegar a un diagnóstico.
"Vamos", dijo.


2
No sólo apagué la luz sino que además corrí la doble cortina. A mi lado ella respiraba. Y no era una respiración afanosa. No quiso que la ayudara a desvestirse.
Yo no veía nada, nada. Pero igual pude darme cuenta de que ahora estaba inmóvil, a la espera. Estiré cautelosamente una mano, hasta hallar su pecho. Mi tacto me transmitió una versión estimulante, poderosa. Así vi su vientre, su sexo. Sus manos también me vieron.
En ese instante comprendí que debía arrancarme (y arrancarla) de aquella mentira que yo mismo había fabricado. O intentado fabricar. Fue como un relámpago. No éramos eso. No éramos eso.
Tuve que recurrir a todas mis reservas de coraje, pero lo hice. Mi mano ascendió lentamente hasta su rostro, encontró el surco de horror, y empezó una lenta, convincente y convencida caricia. En realidad mis dedos (al principio un poco temblorosos, luego progresivamente serenos) pasaron muchas veces sobre sus lágrimas.
Entonces, cuando yo menos lo esperaba, su mano también llegó a mi cara, y pasó y repasó el costurón y el pellejo liso, esa isla sin barba de mi marca siniestra.

Lloramos hasta el alba. Desgraciados, felices. Luego me levanté y descorrí la cortina doble.

domingo, 1 de febrero de 2015

HISTORIAS Y CUENTOS DE AMOR Y RESISTENCIA PARA NUESTROS 43.

La narración oral de historias y cuentos es una forma de ejercer nuestra imaginación, de divertirnos, de ser felices, y también es una forma de de guardar nuestra memoria individual, de las comunidades y pueblos, de fundar y desarrollar nuestras identidades personales, comunitarias y nacionales. 
La narración de historias y cuentos la realizamos para ejercer nuestro derecho a la ternura, entendida esta como el conmover y el conmovernos para construir un mundo en donde quepan todos los mundos, con libertad, justicia, democracia y felicidad. LA TERNURA COMO CONDICIÓN INDISPENSABLE PARA CAMBIAR EL MUNDO.


IMAGINA, Companìa de historias, cuentos, música y canto, invita a nuestras amigas y amigos al

CONCIERTO  
HISTORIAS Y CUENTOS 
DE AMOR Y RESISTENCIA 
PARA NUESTROS 
43.




El sábado 14 de febrero del 2015, a las 18 horas, en el salón Taller de Alebrijes, de  la Casa de la Cultura Jesús Reyes Heroles, Calle Francisco Sosa número 202. Barrio de Santa Catarina, delegación Coyoacàn, Ciudad de México, D.F.

  

jueves, 22 de enero de 2015

Cuentos e historias para la ternura. El cuento de este día jueves 22 de enero del 2015. LA MUJER ESQUELETO. Cuento del pueblo Inuit.

Amigas y amigos. Hoy encontré un mensaje de la narradora Ana Griot celebrando que su versión del cuento La Mujer Esqueleto ha sido seleccionada como uno de los mejores libros del 2014. Me di a la tarea de buscar el cuento y encontré esta versión de Clarissa Pinkola-Estés, la cual creo que es un poco diferente a la de Ana Griot, ya que leí la síntesis de esta última narradora en este link (http://www.madrid.org/biblio_publicas/cgibin/abnetopac/O9210/ID1cb4790aACC=161). Seguiré buscando la versión de ella.
 Los Inuit, generalmente conocidos como esquimales, son un pueblo indígena que habita las zonas árticas de Groenlandia, Canadá, Rusia y Alaska. A los inuit no les gusta ser llamados esquimales, ya que consideran que es un término peyorativo. Aunque según la Conferencia Circumpolar Inuit, no se puede generalizar bajo un sólo nombre a los indígenas Inuit y a los de Siberia y Alaska que son Yupik, lingüísticamente y etnológicamente diferentes, ya que son una cultura en peligro (como muchas otras en todo el mundo, porque no solamente estamos perdiendo biodiversidad, sino también la riqueza que caracteriza la diferencia, la riqueza cultural, lingüística y étnica), se organizan juntos en la Conferencia Circumpolar Inuit para defender sus derechos.
En la ciberpágina en donde encontré este cuento, se anota que a partir de un poema oral Inuit de cinco versos contado por Mary Uukalat, Clarissa Pinkola-Estés lo transformó en un cuento literario llamado "La Mujer Esqueleto”.

Entonces, aquí va, espero que les guste tanto como a mí.


La Mujer Esqueleto




Una joven mujer fue arrastrada por su padre a un acantilado y arrojada al mar, por algo que había hecho y era reprobable (como Sedna). Allí abajo su esqueleto, despojado de carne por los peces, daba vueltas y vueltas en medio de las corrientes. Un día, un pescador que se había alejado mucho de la zona donde habitualmente pescaba y no conocía aquel lugar, hundió su anzuelo en el agua y pescó a la Mujer Esqueleto. El pescador pensó que había atrapado un pez muy gordo, mientras luchaba con el enorme peso que colgaba del anzuelo. Cuanto más él se esforzaba, más se enredaba la de abajo con el sedal, a pesar de que se resistía a éste. Así el pescador, que se había dado la vuelta para recoger la red, no vio como surgía la calva calavera de entre las olas. Cuando el joven se dio la vuelta, todo el cuerpo de la mujer estaba colgando de un extremo del kayak. 

El hombre gritó del susto. La golpeaba con el remo para desengancharla y remando como un desesperado huía de ella, pero como estaba enredada en el sedal no la podía dejar. Mucho se esforzó en dejarla atrás zigzagueando con el kayak hasta llegar a la orilla. Se bajó de su kayak con la caña de pescar y corrió, pero vio que la Mujer Esqueleto le perseguía, todavía prendida al sedal. El hombre corrió y corrió, pero ella lo segúia por todas partes, a pesar de los obstáculos. finalmente el hombre llegó a su casa de hielo (un iglú) y avanzó hacia el interior sollozando. Se acostó en la oscuridad mientras el corazón le latía en el pecho, pensando que estaba a salvo...por fin.

Pero al encender su lámpara de aceite de ballena la vio acurrucada en un rincón sobre el suelo de nieve de su casa, con un talón sobre el hombro y un pie sobre el codo. Más tarde, sin saber cómo explicarlo, se sintió invadido por una cierta compasión y hablándole con dulzura, la desenganchó de su sedal. Trabajó en ella hasta bien entrada la noche y la cubrió con unas pieles para que entrara en calor, acomodándole los huesos como debieran estar los de un ser humano. Se alejó un poco y mientras untaba con aceite la valiosa madera de su caña de pescar y enrollaba el sedal la veía. Ella no se atravía a decir ni una sola palabra, temiendo que el pescador la arrojara de allí, y rompiera todos sus huesos en pedazos.

El hombre sintió sueño y se deslizó debajo de su pieles. empezó a soñar y una lágrima escapó de sus ojos, como si soñara algo triste o nostálgico. La Mujer Esqueleto al ver el brillo de la lágrima bajo el resplandor del fuego sintió, de repente, mucha sed. Se acercó al hombre dormido y acercó la boca a la lágrima. La pequeña y solitaria lágrima fue como un río y ella bebió y bebió hasta saciar su sed de muchos años. Después se tendió a lado del hombre e introdujo su mano en el interior del pecho del hombre dormido y le sacó el corazón, que palpitaba tan fuerte como un tambor. Ella se incorporó y empezó a golpearlo por ambos lados y se puso a cantar. Y mientrás más cantaba más se llenaba su cuerpo con carne. Pidió cantando cabello, buenos ojos y unas manos rollizas. Pidió cantando la hendidura en la entrepierna y unos pechos grandes para dar calor y envolver y todas las cosas que necesita una mujer. Y cuando terminó, pidió cantando que desapareciera la ropa del hombre dormido y se deslizó a su lado en la cama, piel contra piel. Devolvió el gran tambor al cuerpo de su dueño y así ambos se despertaron, abrazados uno junto al otro, enredados el uno en el otro, después de pasar la noche juntos, de una manera buena y perdurable.

La gente que no recuerda la razón de su mala suerte dice que la mujer y el pescador se fueron y, a partir de entonces, las criaturas que ella había conocido durante su vida bajo el agua, se encargaron de proporcionarles siempre el alimento. La gente dice que es verdad y que eso es todo lo que se sabe...


http://diosasyhadas.blogspot.mx/2007/07/un-cuento-inuit.html 

martes, 20 de enero de 2015

Cuentos e Historias para la Ternura. La historia de este día, 20 de enero del 2015. Enero 20 SAGRADA SERPIENTE. Eduardo Galeano.

Amigas y amigos

Reiniciamos Cuentos e Historias para la Ternura en este año 2015. Nuestras convicciones y objetivos siguen siendo los mismos; Ejercer nuestro derechoa a la ternura, a conmovernos para construir un mundo en donde quepan todos los mundos, todos los colores, en libertad, con justicia, dignidad y felicidad. 

Cuentos e historias para encontrarnos en nuestras identidades personales y colectivas, para imaginar mundos con nuestras emociones, para sonreir, llorar, recordar, amar, y volvernos a encontrar.

Reiniciamos con esta historia de el gran maestro Eduardo Galeano. Espero que les guste tanto como a mi.


Enero 20
SAGRADA SERPIENTE.

 EDUARDO GALEANO




En 1585, en su tercer concilio, los obispos de México prohibieron que se pintaran o esculpieran serpientes en los muros de las iglesias, en los retablos y en los altares.

Para entonces, los extirpadores de la idolatría ya habían advertido que esos instrumentos del Demonio no provocaban repulsión ni espanto entre los indios.

Los paganos adoraban a las serpientes. Las serpientes habían sido desprestigiadas, en la tradición bíblica, desde aquel asunto de la tentación de Adán, pero América era un cariñoso serpentario. El ondulante reptil anunciaba buenas cosechas, rayo que llamaba a la lluvia, y en cada nube vivía una serpiente de agua.


Y era una serpiente emplumada el dios Quetzalcóatl, que por los caminos del agua se había ido.




martes, 23 de diciembre de 2014

Cuentos e historias para la ternura. La historia de este dìa mièrcoles 24 de diciembre 2014. JERUSALÈN AÑO CERO. Silvio Rodrìguez.

Amigas y amigos. Este 24 de diciembre  les envío esta historia escrita por Silvio Rodrìguez acerca de la vida del hombre del cual hoy se celebra su nacimiento en muchas partes del mundo. Espero que les guste.

Este es el último envío de este año 2014. Ha sido un trabajo muy agradable buscar las historias y cuentos y recibir las opiniones de ustedes. A todas y todos les mando un abrazo  por las fiestas navideñas, y los mejores deseos para que el año 2015 sea tiempo del ejercicio de nuestros derechos a la felicidad, al trabajo, al amor, a la justicia, a la ternura, a la libertad y a la vida. Y CON LA CONVICCIÓN DE QUE EN EL 2015 NUESTROS 43 HERMANOS NORMALISTAS DE AYOTZINAPA VOLVERÁN  A SUS HOGARES, PORQUE ELLOS ESTÁN VIVOS Y LOGRAREMOS SU LIBERTAD. Un abrazo y regresamos el 8 de enero del 2015 con nuevas historias y cuentos para la ternura.








JERUSALÈN AÑO CERO



De mano en mano 
se pasa la verdad 
en cada mano olvidara 
algo desierto y también se llevara 
de cada mano el parecer 
si camináramos calendario atrás 
todo estaría al revés.

 
Algunos dicen que es falso 
y otros repiten que es cierto 
que entró en Jerusalèn siendo de día 
se dice que su túnica era blanca 
que iba posada en sus ojos un ave del medio día 
aquel fue tiempo de tumbas 
aquel fue tiempo de flautas , 
de mercaderes , de lebion romanas 
se dice que la chusma lo seguía 
su palabra sencilla se la daba la mañana 

El Rey de los judíos 
el hijo de los hombres 
el cristo , el nazareno 
lo llamaban El Rey de los judios 

Jerusalèn año cero y se cambió la suerte 
con lo que pasó. 
Jerusalèn año cero y Nazaret 
y el caserío de Belén.
Jerusalén año cero fue el lugar 
donde ocurrió o donde no. 


Fue enemigo del imperio 
y amigo de la palabra 
decía que todo era para todos. 
Se dice que enseñaba a los pastores 
a compartir las ovejas 
y a cuidarse de los lobos. 
Tanta enseñanza hizo ruido 
en el poder de los templos 
y en la madera lo clavaron recio 
se dijo que por mago o hechicero 
pero si la historia es cierta fue por que hiciera silencio 

lunes, 22 de diciembre de 2014

Cuentos e historias para la ternura. La historia de este dìa martes 23 de diciembre del 2014.Marcos sin pasamontañas . Vicente Leñero.

Amigas y amigos; Hace unas semanas se adelanto en el camino don Vicente. Por las desorganizaciones de mi vida no fui cuidadoso de poner en estos cuentos e historias para la ternura algún cuento de él. Hoy les envío uno que tomo prestado del face de MOGA. Es una historia interesante y bonita. Espero les guste tanto como a mi.



Marcos sin pasamontañas

Vicente Leñero






Siempre que entro en el Palacio de Minería el corazón —es un decir— se me desboca en recuerdos. Ahí estudiamos ingeniería (civil, mecanicoelectricista, topográfica, petrolera) los grupos de la generación 1951.

No era entonces un palacio remozado y flamante como se le ve ahora para hacer honor a su constructor Manuel Tolsá, sino un edificio sí, majestuoso, aunque sumamente descuidado: con losetas quebradas en los patios, muros descarapelados, puertas chuecas y apolilladas. En su área izquierda albergaba oficinas invasoras de la Secretaría de Agricultura, y en la derecha tenía un patio sórdido y una alberca casi vacía, sucia, donde sufrimos las novatadas junto a salones húmedos con bancas torcidas.

Convertido hoy en la obra de arte que fue, alberga año con año la Feria Internacional del Libro dirigida con entusiasmo por un exfuncionario del cine: Fernando Macotela. En la que efectuó en febrero de 2013 fui invitado por la editorial Alfaguara a presentar un reciente libro de cuentos de mi autoría.

La conversación entre el lúcido y generoso Juan Villoro y este fracasado ingeniero convertido hoy en escritor se desarrolló durante cincuenta minutos rapiditos en aquel salón de actos donde hace añales presentábamos exámenes finales y al que llamábamos “la maternidad” por eso: porque íbamos “a parir”.

Sucedió entonces, ahora, que al interrumpir la charla con Villoro sencillamente porque “se acabó el tiempo”, se formó como siempre una bolita de público conocido o desconocido para saludar y preguntar algo a Juan, para solicitar una firma con pluma bic sobre el libro abierto en las primeras páginas, o para lo que se ha vuelto costumbre en los buscautógrafos: posar con el interpelado frente a la camarita de un celular.

En ese instante, en poquísimos segundos y con la mesa ceremonial de por medio —carpeta verde y micrófonos— se me acercó un chamaco chaparrito, moreno, hierático, que se había abierto paso a empujones hasta mí. Me tendió entonces lo que yo supuse una simple tarjeta blanca.

Me dijo:
—Esto se lo manda un amigo suyo.

Me distraje un poco y di la vuelta a la tarjeta blanca para saber si tenía alguna inscripción. Pero no era una tarjeta: era una fotografía a colores tamaño postal en la que se veía al célebre subcomandante Marcos. La clásica foto con pasamontañas y gorrita de dril: precisamente la que ilustra este texto.
—Estuvo aquí pero ya se fue —dijo el enviado chaparrito y se escurrió entre los agolpados.

¡Qué cosa!: estuvo aquí pero ya se fue.

Después de un rato de desconcierto, de buscar entre la gente un rostro “localizable” girando la cabeza como pollo desorientado, me puse a pensar en la libertad que disfruta el controvertido Marcos, el inútilmente delatado Rafael Guillén Vicente, al que entrevisté para Proceso en un amanecer de febrero de 1994.

A diferencia de los famosos que necesitan calzarse unos anteojos oscuros o una peluca o un disfraz para escapar de los acosadores y de los paparazzi mexicas, él lograba esconderse al revés: quitándose simplemente el pasamontañas y la gorrita. Podía salir entonces de Chiapas y transitar en cualquier ciudad o pueblo sin que nadie lo reconociera.


Por ahí andaba esa noche en el Palacio de Minería mironeando libros en los módulos de las editoriales, asomándose a las aburridas presentaciones, galaneando quizás


domingo, 21 de diciembre de 2014

Cuentos e historias para la ternura. La historia de este día lunes 22 de diciembre del 2014 El niño sin lengua. Juan Goytisolo.

Amigas y amigos. Hace 17 años, el 22 de diciembre de 1997, allá en la comunidad de Acteal, en el municipio de Chenalhó, ubicado en la región de Los Altos de Chiapas al sureste de México, un grupo de paramilitares entrenados, financiados y protegidos por el Ejercito Mexicano, atacaron a niños, niñas, mujeres, hombres, ancianos y ancianas y asesinaron a 45 de ellos y ellas. Algunas mujeres estaban embarazadas. Hoy, quienes planearon esa masacre están en libertad; Ernesto Zedillo es consejero de empresas trasnacionales, Emilio Chuayffet es secretario de Educación Pública, y Eraclio Zepeda, uno de los principales asesinos, acaba de ser premiado con la medalla Belisario Domínguez por el Senado de la República Mexicana. Así es la justicia en nuestro país. Va esta historia escrita por Juan Goytisolo y publicada en el, libro Las Voces del Espejo. Espero que les guste y que un día se haga justicia.




El niño sin lengua.        
      
                                                                                                        Juan Goytisolo.

Cuando se dieron los hechos – así los denominaron las autoridades locales a fin de no herir, con exquisito pudor, la sensibilidad de la opinión pública ni de azuzar la consabida inquina y mala fe de los informadores -, el niño había sido apriscado con algunos familiares y vecinos  en un claro del bosque. Las fuerzas paramilitares, tras el saqueo e incendio de las viviendas, aguardaron la ceja del alba y los rubores del sol en la cresta de las colinas para proceder a la operación de limpieza. Dispararon con sus fusiles hasta que los aldeanos cayeron en medio de los gritos y el seco zumbido de los disparos.

El niño permaneció oculto  bajo el cadáver de un hombre y aguardo allí sin mover un musculo. Los milicianos remataban a  los heridos y, poco a poco, los gemidos cesaron. Se hizo el muerto, y en realidad, había muerto. Cuando lo rescataron contemplaba a sus salvadores  con los ojos vacíos, vueltos hacia algún punto fijo en el interior de sí mismo. ¿Había sobrevivido al exterminio? Su rostro no expresaba emoción alguna. Se había tragado la lengua. ¿Qué dijo Lázaro a su retorno del reino de las sombras?


Aquello había ocurrido en Bosnia, en Argelia, en Chechenia, en Perú y en Colombia, en varios países de África y Centroamérica, ahora en Chiapas. Quedó el niño sin voz. Era el testigo mudo de todas y cada una de esas matanzas. Fue fotografiado y su rostro apareció en las cinco partes del mundo. Su retrato enmarcado colgaba en numerosos despachos y lugares privados. Millones de personas se familiarizaron con su rostro, pero nadie alcanzó a identificarlo. Lo llamaron, es, el niño sin lengua, traspuesto al limbo desde la barbarie.