domingo, 10 de enero de 2016

CUENTOS E HISTORIAS PARA LA TERNURA. El cuento de este día lunes 11 de enero del 2016 LOS DOCE MESES. Pep Bruno.



Amigas y amigos, hoy reiniciamos los cuentos para la ternura despues de unos días de vacaciones. Les presentamos esta versión de LOS DOCE MESES reescrita por el cuentero y escritor español Pep Bruno. Esperamos les guste. Un abrazo y que en el 2016 sea tiempo de ternura infinita, pensamiento crítico, diálogos de corazón y construcción de un mundo en donde quepan todos los mundos, todos los colores y todas las ternuras.


LOS DOCE MESES

Cuento popular de Los doce meses, versionado/reescrito por Pep Bruno





Había una vez un labrador muy pobre que una noche de tormenta se perdió en lo más profundo del bosque al que había ido a por algo de leña. Andando, andando llegó al pie de un monte donde había una casa que tenía las luces encendidas. 

El labrador llamó a la puerta para pedir cobijo Un hombre abrió la puerta y le invitó a pasar para que se calentara al amor de la lumbre. Cuando entró, el labrador vio que dentro de la casa había doce hombres sentados alrededor de una mesa. 

El mismo que había abierto la puerta le indicó un escaño vacío que había junto al fuego. Cuando el labrador se hubo sentado y estaba empezando a recuperarse del frío uno de los doce hombres le preguntó:

 -¿Qué le parece a usted enero? 
-Me gusta enero, como tiene pocas horas de luz me permite pasar más tiempo junto a los míos. Además enero sabe a naranjas dulces y tiene el aire más limpio. 

Y le preguntó luego otro: -Y, febrero ¿qué tal? 
-Febrerillo el corto le dicen. Es un buen mes porque es cuando se siembran las patatas y se podan las parras y los olivos. Si se hacen bien las tareas en este mes habrá comida para todo el año 

-Y ¿marzo? –le dijo otro. -En marzo abre la boca el lagarto, dice el refrán. Hace unos días aire: pero hace bueno. Pareciera como si el viento limpiara el campo. 

-Y ¿abril? –preguntó otro. -Pues bocadillos y a dormir. Cuando era niño en abril íbamos todos los muchachos al campo a espantar a los pájaros para que no se comieran las semillas. Me encataba abril. 

-Y ¿mayo? –dijo el siguiente. 
-En mayo florecen todas las flores, cantan todos los pájaros, ¡qué alegría! En mayo está gordo el caballo y el campo todo es color. 

-Y ¿junio? –preguntó otro. -En junio hace ya calor y es hora de empezar a recoger el fruto de tanto trabajo: garbanzos, patatas, brevas... hasta las frescas sandías. Me encanta junio. 

-Y ¿julio? –preguntó el siguiente. 
-Empieza la siega, este mes es la alegría de los labradores. Además, si el campo de la siega está lejos hay noches que las pasamos bajo las estrellas, contando cuentos y cantando viejas canciones. Es un mes estupendo. 

-Y ¿agosto? –dijo otro. -En agosto sigue haciendo buen tiempo y mejor trabajo. Nos vamos a las eras a trillar. Muchas veces los hijos vienen para montarse en la trilla y pasamos momentos muy alegres. 

-Y ¿septiembre? –preguntó otro. -En septiembre es el momento de coger la uva y pisarla para hacer el vino. Este mes uno trabaja cantando. 

-Y ¿octubre? –dijo el siguiente. -En octubre se coge la aceituna. Siempre he disfrutado de octubre, todavía hace buen tiempo y el trabajo da el suficiente dinero para ayudar a pasar el invierno. 

-Y ¿noviembre? –dijo otro. -En noviembre suele llover, pero es benigno. Además es cuando se prueba el vino para ver si ya está listo. Probando vino de bodega en bodega uno siempre encuentra razones para estar alegre.

 -Y ¿en diciembre? –preguntó el último. -En diciembre hay días de mucho frío, pero eso es bueno, así se puede matar al cerdo y curar la carne para llenar la despensa y pasar con tranquilidad el invierno. 

Los doce hombres se quedaron en silencio escuchando como la lluvia golpeteaba contra el tejado de la casa. El labrador seguía sentado junto al fuego. Cuando la lluvia amainó el hombre se despide, da las gracias y se dispone a salir. 

En ese momento uno de los doce hombres le da un mantel y le dice: -Ha sido una conversación muy agradable, queremos darle un pequeño regalo. Acepte este mantel que es mágico. Cuando llegue a su casa cierre la puerta, póngalo sobre mesa y diga: “¡Mantel, compón el primer plato!”, después diga: “¡Mantel, compón el segundo plato!” y, finalmente diga: “¡Mantel, compón el postre!”. Y será bien servido, seguro. 

-Muchas gracias –dice el labrador- son ustedes muy amables. El hombre se despide, sale de la casa y, andando, andando, llega hasta su cabaña. 

Cuando entra llama a su mujer y sus hijos y les dice que cierren la puerta y que pongan una mesa en medio del cuarto. Traen la mesa y, poniendo el mantel sobre ella, dice: -¡Mantel, compón el primer plato! Y la mesa se llenó de lujosos platos de ricos manjares. 

Toda la familia comió hasta saciarse. Después, recogieron lo que había sobrado y dejaron el mantel limpio; entonces el hombre dijo: -¡Mantel, compón el segundo plato! Y la mesa se llenó de ropas exquisitas elaboradas con finas telas traídas de todos los lugares del mundo. La familia, alborozada, cambió rápidamente sus viejas ropas por los lujosos trajes. 

Después, el hombre dijo: -¡Mantel, compón el postre! Y la mesa se llenó de bolsas repletas de monedas de oro y plata. En poco tiempo aquella familia se hizo muy rica. Las gentes del pueblo murmuraban y se preguntaban de dónde habrían ganado todo lo que tenían. 

Un vecino de ellos, muy envidioso por la buena fortuna del labrador, le pedía a todas horas que le explicara qué era lo que había hecho, de dónde había sacado tanto dinero, cómo había sido... 

El labrador no que quería decírselo pero al final, tanto insistió el vecino, que le habló de la noche de tormenta, de la casa perdida en el bosque, de los doce hombres sentados junto al fuego, el mantel mágico... Así pues, una noche de tormenta el vecino cogió su hacha y se fue a buscar leña a lo más profundo del bosque. 

Andando, andando llegó al pie de un monte donde estaba la casa que tenía las luces encendidas. El vecino llamó a la puerta para pedir cobijo. Un hombre abrió y le invitó a pasar para que se calentara al amor de la lumbre. 

Cuando entró, el vecino vio que dentro de la casa estaban los doce hombres sentados alrededor de la mesa. El mismo que había abierto la puerta le indicó un escaño vacío que había junto al fuego. 

Cuando el vecino se hubo sentado y estaba empezando a recuperarse del frío uno de los doce hombres le preguntó:

 -¿Qué le parece a usted enero? -¿Enero? Es un mes terrible, hace tanto frío que se te quedan los dedos congelados cuando estás echando el abono en los olivos. 

Y entonces otro le preguntó. -Y ¿febrero? -Si malo es enero peor es febrero. Con tanto frío como hace la tierra se pone tan dura que cuando labras el campo parece que tuvieras que quebrar piedras en vez de tierra. 

-Y ¿marzo? -dijo otro -En marzo no se puede sufrir tanto viento como hace, un viento frío de esos que se te mete en los huesos. 

-Y ¿abril? –preguntó el siguiente. -En abril... en abril no deja de llover y no hay quien trabaje con tanto lodo y agua como hay en el campo. 

-Y ¿mayo? –dijo otro -Mayo... no niego que en este mes hace algo de tiempo bueno, pero hay tanto trabajo en el campo que no puedo pararme a disfrutarlo. 

-Y ¿junio? –preguntó otro. -Pues en junio hay días que hace tanto calor que no se puede estar en ningún sitio. No hay quien trabaje ni a sol ni a sombra. Mal mes, si señor. 

-Y ¿julio? -dijo el siguiente.  -¡Vaya, julio! Es el mes de las tormentas, uno pasa el año trabajando para que luego julio descargue dos o tres tormentas de granizo y se fastidie todo. 

-Y ¿agosto? –preguntó otro. -Agosto, frío en el rostro, dice el refrán. Además hay tanto trabajo en el campo que incluso hay noches en las que no puedo ir a casa a descansar.

 -Y ¿septiembre? –dijo el siguiente. -En septiembre empieza a hacer frío de verdad, y es muy pesado recoger la uva de las parras con tantas avispas como quedan rezagadas entre sus hojas.

 -¿Y octubre? –preguntó otro -Pues en octubre vas a coger aceituna. Hay días que hay que poner lumbre entre los olivos porque no se puede aguantar el frío que hace. 

-¿Y noviembre? –dijo el siguiente -En noviembre está todo el día lloviendo y es una lata tener que andar arando y sembrando. 

-Y ¿diciembre? –pregunta el último -¿Diciembre? –dice el vecino- en diciembre no deja de nevar y helar. En fin, hace tanto frío que todo parece gris y feo. 

Los doce hombres se quedaron en silencio escuchando como la lluvia golpeteaba contra el tejado de la casa. El vecino seguía sentado junto al fuego. Cuando la lluvia amainó el hombre siguió esperando, no tenía intención de irse sin su mantel. 

En ese momento uno de los doce hombres le da un mantel y le dice: -Ha sido una conversación muy agradable, queremos darle un pequeño regalo. Acepte este mantel que es mágico. Cuando llegue a su casa cierre la puerta, póngalo sobre mesa y diga: “¡Mantel, compón el primer plato!”, después diga: “¡Mantel, compón el segundo plato!” y, finalmente diga: “¡Mantel, compón el postre!”. Y será servido como se merece. 

-Muchas gracias –contestó el vecino- son ustedes muy amables. El hombre se despide corriendo y sale de la casa. Corriendo, corriendo, llega hasta su cabaña. Cuando entra llama a su mujer y sus hijos y les dice que cierren la puerta y que pongan una mesa en medio del cuarto. 

Traen la mesa y, extendiendo el mantel sobre ella, el hombre dice: -¡Mantel, compón el primer plato! Y la mesa se llenó de platos viejos y descascarillados con restos de comidas medio estropeadas. 

La familia, desconcertada, tiró las sobras y los platos a la basura; entonces el hombre dijo: -¡Mantel, compón el segundo plato! Y la mesa se llenó de harapos y ropas raídas que con sólo tocarlas se deshacían. 

La familia volvió a tirar todo a la basura; después, el hombre dijo: -¡Mantel, compón el postre! Y la mesa se llenó de lodo y piedras. 

Entonces el hombre cogió el mantel, lo anudó por sus cuatro esquinas y, con lodo y piedras dentro, lo tiró bien lejos en el basurero. 

Después volvió a casa y preparó las bestias para salir a trabajar al campo.


sábado, 12 de diciembre de 2015

Cuentos e historias para la ternura. La historia de este sábado 12 de diciembre del 2015 TONANTZIN SE LLAMA GUADALUPE. Eduardo Galeano.

Amigas y amigos

Este 12 de diciembre les invito a leer esta historia de Eduardo Galeano. Un abrazo.



TONANTZIN SE LLAMA GUADALUPE.

EDUARDO GALEANO*


Diciembre
12
Mucho después de engendrar a Jesús, la Virgen María viajó a México.
Llegó en el año 1531. Se presentó llamándose Virgen de Guadalupe, y por afortunada casualidad la visita ocurrió en el exacto sitio donde tenía su templo Tonantzin, la diosa madre de los aztecas.
La Virgen de Guadalupe pasó a ser, desde entonces, la encarnación de la nación mexicana: Tonantzin vive en la Virgen, y México y Jesús tienen la misma madre.
En México, como en toda América, los dioses prohibidos se han metido en las divinidades católicas, por los caminos del aire, y en sus cuerpos residen.
Tlaloc llueve en san Juan Bautista, y en san Isidro Labrador florece Xochipilli.
Tata Dios es el Padre Sol.
Tezcatlipoca, Jesús crucificado, señala desde la cruz los cuatro rumbos donde soplan los vientos del universo indígena.
De Los hijos de los días, Siglo XXI, Buenos Aires, 2012.





sábado, 5 de diciembre de 2015

Cuentos e Historias para la Ternura. La historia de este día sábado 5 de diciembre del 2015. ENCENDER LA VIDA. Helena Villagra.

Amigas y amigos

La siguiente historia es tomada del discurso de doña Helena hace unos días en la ciudad de Guadalajara, estado de Jalisco, en México. Es una historia que demuestra, entre otras cosas, que no estamos solos en esta lucha por encontrar a nuestros 43 hermanos. Va aquí. Un abrazo con la seguridad de que pronto los encontraremos.


ENCENDER LA VIDA.

Helena  Villagra.






Quiero contarles algo muy… personal.

Después del 13 de abril, cuando partió, me quedé entre el aturdimiento y el dolor.

Y me encaracolé: no quería, no pude salir de nuestra casa, hasta casi un mes después; lo hice sólo una vez para la ceremonia que él había pedido: sus cenizas confundidas con el Río de la Plata, al que siempre llamaba, río-mar.

En ese abrazo nos acompañaron los cercanos, los amigos entrañables y flores de nuestro jardín. Y por supuesto, nuestro Maco, el perrito.

Fue una ceremonia sencilla y bella.

Después, cuando aún dolía el aire, leí algo que me movilizó.

Llegaba Ayotzinapa a Montevideo: se anunciaba una marcha para finales de mayo, al mediodía, hacia la embajada mexicana.

No lo dudé, me dije: Tengo que ir, por mí, por mi compañero de la vida.

Claro que hubiéramos ido los dos después de la angustia con la que vivimos juntos todo lo sucedido aquel 26 de septiembre.

Y allí estuve, con mi banderita negra, porque en el negro se juntan todos los colores y habla el silencio.

En esa marcha, al mediodía, reitero, llegamos a la embajada de México, vallada, rodeada de policías que la custodiaban.

Me pregunté, ¿de quién se defienden?

¿De las mamás y papás que vinieron?

¿De los que queríamos solidarizarnos con su dolor y con su lucha?

Y en esa frontera del absurdo… hacia el final del acto, una muchacha, con paliacate y su acento mexicano, recitó Los nadies.

Por pura casualidad, yo estaba pegadita a ella, anónima, en el marco de ese silencio.

Y nos recordó a todos el sentido de esta viñeta:

Los nadies: los hijos de nadie

Los dueños de nada.

Los nadies: los ningunos, los ninguneados,

…

Que no tienen cara, sino brazos.

Que no tienen nombre, sino número.

Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.

Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.

Caminamos Eduardo y yo, juntos, muchas veces en el México-abrazo, el México generoso, el que acogió a refugiados de tantos mundos, y a tantos amigos que huían de las dictaduras del Sur.

El México lindo de las calacas y los boleros, el de la comida rica y picosa, que tanto nos gustaba.

Me acuerdo de las andanzas nuestras en los campamentos de Oventic, con Carlitos Monsiváis, tan querido.

Cuando el abrazo en La Realidad hacía evidente un tiempo de la conciencia que trataba de cambiar el tiempo de las cosas que pasan.

También, en la celebración de ese encuentro, me alegró que desde el eco de Chiapas lo llamaran ‘el recogedor de lluvias” y de las palabras de abajo.

Y en otro lugar olvidado del mundo, donde la libertad es el anhelo de todos los días, para los saharauis, hijos del desierto, Eduardo era el hermano perseguidor de las nubes.

Y agradecer a otro amigo entrañable de Eduardo y mío, otro Carlos, Carlos Beristain.

ENTONCES:

Para concluir:

Señor rector, integrantes de la comunidad de la Universidad de Guadalajara, queridos amigos.

Con el dolor de su ausencia, que lo trae con amor hasta el presente, con el orgullo de haberlo elegido como mi compañero de vida, en nuestros andares cuarenta años juntos.

Con Eduardo, siempre coherente, entre lo que sentía, vivía, pensaba y escribía.

Por su permanente voluntad de belleza y de justicia,

Y para juntar los fueguitos, como la historia de Neguá, para que la vida se encienda.

Como sé que Eduardo lo hubiera querido,

DEDICO en su nombre este doctorado honoris causa otorgado por la Universidad de Guadalajara a la lucha de esos Nadies doctorados en Ayotzinapa, los queridos 43, que le han enseñado al mundo que los músculos de la conciencia son antídotos contra el espanto, y que en estos tiempos donde no abunda la solidaridad, hay muchos corazones decentes que laten juntos.

Gracias, Eduardo, el abeio de nuestros nietos, mi querido Dudú, por todas esas vidas, las de tantos nadies del mundo que se reconocen en tus letras.

* Texto escrito por la compañera de vida del periodista Eduardo Galeano (1940-2015), leído por su autora en el paraninfo Enrique Díaz de León de la Universidad de Guadalajara, donde recibió, en nombre del autor de Las venas abiertas de América Latina, el doctorado honoris causa de esa casa de estudios.


sábado, 31 de octubre de 2015

CUENTOS E HISTORIAS PARA LA TERNURA. El cuento de este día 1 de noviembre del 2015. Día de los santos difuntos niñas y niños. ¿A DONDE VAN LOS NIÑOS CUANDO MUEREN? Ermilo Abreu Gómez.

Amigas y amigos, este 1 de noviembre llegan a nuestras casa mexicanas las niñas y niños difuntitas y difuntitos. Acá las y los esperamos siempre. Que jalowin ni que nada. Va esta historia de Ermilo Abreu Gómez. Un abrazo a todas y todos y que nuestros muertos vivan siempre entre nosotros.



Apenas amaneció, el niño Guy pidió agua.

 Había pasado la noche con angustias y 

sudores. Canek tomó la jarra de agua 

serenada y se la dio.



Guy bebió con ansia casi dolorosa. Después 


preguntó:

- ¿Por qué es tan buena el agua serenada, 


Jacinto?

- Porque está llena de la luz de los luceros. 


Y la luz de los luceros es dulce.


- ¿Es cierto, Jacinto, que los niños que se 


mueren se convierten en pájaros?

- No sé, niño Guy.

- ¿Es cierto, Jacinto, que los niños que se 


mueren se vuelven flores?

- No sé, niño Guy.

- ¿Es cierto, Jacinto, que los niños que se 


mueren van al cielo?

- No sé, niño Guy.

- Entonces, Jacinto, ¿dime qué les pasa a los 


niños que se mueren?

- Los niños que se mueren, niño Guy, 


despiertan.





CUENTOS E HISTORIAS PARA LA TERNURA. El cuento de este día 1 de noviembre del 2015. DONDE VIVEN NUESTROS MUERTOS. El Viejo Antonio.

Amigas y amigos, en estos días de recordar a nuestras difuntitas y difuntitos, ya sean niñas, niños, jovenas, jovenes, señoras, señores, abuelas y abuelos, es bueno recordar "El Debe" que nos dejaron, así lo dicen nuestros más antiguos. Queda pues pensar en ellas y ellos. Un abrazo, y que en nuestra memoria esté presente siempre Chema, Lecia, Petra, Celia, el niño Abraham, la Tía Carmen, El Tío Ayón, las otras tías Aurora, Clementina y los otros tíos, Porfirio y Diego, y los primos y primas Pepe, Checho, Isabel, Leonor, Armando, Don Luis y todos y todas que nos antecedieron o vinieron después pero se fueron antes.

Y también están en nuestro corazón Emiliano y Pancho, Ramona,  el Dr. Garrido, El compa Galeano, Lucio, Genaro, Jaramillo, su señora e hijos, los del 68, el 71 y el 85, Carlos Sinué, Julio Cesar Mondragón y tantos y tantos que nos dejaron El Debe. Va pues.






Donde viven nuestros muertos 
(La geografía según el Viejo Antonio) 




Septiembre. Llueve. Los caminos reales son ahora pequeños arroyos momentáneos. Los piques una sucesión de charcos mal contenidos por milpas, acahuales y árboles deslavados. Como si estuviera aún lejana, una voz se escucha: 

Vengo llegando. Como puedo me arrincono junto al fogón. Aunque estoy empapado, he logrado poner a salvo el tabaco y algunas hojas de doblador. Apenas si doy un sorbo al café que la Juanita me pasa con su mano llena de calendarios pasados y por venir. Con paciencia y empeño, como de por sí, me forjo un cigarrillo y lo enciendo con un tizón. 

Mi nombre es Antonio, pero creo que eso ya lo saben. El Sup me dice “el Viejo Antonio”. Aunque ya estoy difunto, cada tanto me da por aparecer para contar historias ya pasadas. Con el Sup nos conocimos hace ya muchas lluvias y él seguido viene a hacerme preguntas que yo respondo con otras preguntas… o con historias. 

Casi siempre, después de encenderme el cigarro, sigue la palabra. El Sup a veces saca su pipa… pero no siempre… y es que seguido se le moja el tabaco por sudor… o por lluvia… o por amores… o porque al cruzar el vado del río, la corriente lo tumba y lo hace dar maromas… y llega a la champa chorreando agua… y entonces, como a mí, la Juanita le arrima un banquito junto al fogón y le da café… Bueno, pues les decía que, después de encender el cigarro, debiera seguir la palabra. No una palabra dura como las que usan ustedes los ciudadanos, sino sencilla y humilde… como de por sí somos nosotros. Pero ahora no sigue la palabra… sólo me quedo viendo como la serpiente de humo se enrosca y se confunde con el humo del fogón. 

Así tardo, fumando y tomando café. Y es porque el humo no va a traer una historia pasada, sino una por hacer todavía. Y las historias por hacer hay que callarlas mucho antes de hablarlas. Así es de por sí acá abajo. En cambio allá arriba hay mucha bulla… ruido… palabras duras de entender… y vacías. 

Les estaba diciendo que yo ya estoy finado. Me morí por allá del 94. Muchos no se acuerdan o se hacen patos, pero ese año nos alzamos contra los malos gobiernos. Y aquí sigo… aquí seguimos. 

“Finado” quiere decir muerto. Aunque acá nuestros muertos viven. Viven, sí, pero no porque lo deseemos, que de por sí… no porque guardemos su memoria, que de por sí. Viven porque nos han dejado un debe, un pendiente, un algo que debemos hacer. 

Por eso cada tanto hay que ir donde viven nuestros muertos para seguir agarrando el compromiso de cumplir ese debe. Y sólo ahí es donde se sabe el lugar y la hora, el cuándo y el dónde, o, como dicen ustedes los ciudadanos, el calendario y la geografía. 

No es en las fechas ni en los lugares de arriba. 

Es acá abajo donde está nuestra geografía. 

Es donde viven nuestros muertos. 

Antonio, el Viejo Antonio. Septiembre del 2010.

martes, 27 de octubre de 2015

LA TERNURA EN LA VOZ DE... Cuauhtémoc RG. SOMBRA LE CONFIEZA A LA MUJER LUZ. Martes 27 octubre del 2015

ESTIMADAS AMIGAS Y AMIGOS





Hace más de tres meses que suspendimos este trabajo de poner los cuentos e historias. Mucho sucedió para darnos un reposo y mucho está sucediendo para reiniciar. 

Hoy, organizando mis archivos de la PC encontré esta grabación del 19 de octubre del 2007, un cuento que grabamos en el ensayo de un frustrado concierto de cuentos eróticos basado en el libro NOCHES DE FUEGO Y DESVELO, del Subcomandante Insurgente Marcos. 

Entonces aquí les dejo el video casero. 

En el sax estuvo un amigo q no recuerdo su nombre, es amigo de un amigo... jeje. En las percusiones está Cuauhtémoc RA y en la voz Cuauhtémoc RG. Espero les guste.

Le dedico este video a mi amiga Lourdes Zuñiga Palomino, agradeciendo su amistad y sus letras desde Perú.




miércoles, 12 de agosto de 2015

LA TERNURA EN LA VOZ DE.... Subcomamdante Insurgente Marcos y Silvio Rodríguez. OTRA VELA PARA SOMBRA.

Estimadas amgas y amigos, les invito a escuchar esta historia de SOMBRA en lo voz del Subcomandante Insurgtente Marcos, y tal como anotó  André Breton:  Como ocurre siempre en las épocas en que la vida socialmente no vale nada, es preciso saber ver por medio de los ojos de Eros.
 En el tiempo que está por llegar, a Eros incumbe restablecer el equilibrio roto en provecho de la muerte.

Va pues y que Eros nos sirva para Resisitir.