viernes, 15 de mayo de 2015

Cuentos e historias para la ternura:. Dos historias para este viernes 15 de mayo 2015, Día del maestro.El Maestro. El Profesor. Eduardo Galeano.


Hoy, como cada año, comparto en este espacio dos bellas historias escritas por Eduardo Galeano; y como cada año, vienen a mi mente los recuerdos de aquellos maestros que me enseñaron en la UNAM muchas cosas, entre ellas a amar a este país y a estar comprometido con los que siempre pierden en la historia.

Un recuerdo y agradecimientos para mis profesores, Luis Javier Garrido, Francisco Gomezjara Agustín Cueva, Enrique Valencia, Carlos Sirvent, Carlos Quijano, Cuauhtémoc Zúñiga y la profesora Olivia Sarahi Cornejo.  Así también a mis maestros de la escuela “Vasco de Quiroga”, allá en el barrio de Tepito; las maestras Lourdes, María Elena, Nercedalia y la maestra Palacios y al maestro Lucero M. Gordillo. Para mis maestros de cuentería Nicolás Buenaventura, Rosa María Durand y Rodolfo Castro.  Para todos ellos y ellas un abrazo y mi agradecimiento eterno.




EL MAESTRO

Eduardo Galeano

Los alumnos de sexto grado, en una escuela de Montevideo, habían organizado un concurso de novelas.

Todos participaron.

Los jurados éramos tres. El maestro Óscar, puños raídos, sueldo de fakir, más una alumna, representante de los autores, y yo.
En la ceremonia de premiación se prohibió la entrada de los padres y demás adultos. Los jurados dimos lectura al acta, que destacaba los méritos de cada uno de los trabajos. El concurso fue ganado por todos, y para cada premiado hubo una ovación, una lluvia de serpentinas y una medallita donada por el joyero del barrio.

Después, el maestro Óscar me dijo:
–nos sentimos tan unidos, que me dan ganas de dejarlos a todos repetidores.

Y una de las alumnas, que había venido a la capital desde un pueblo perdido en el campo, se quedó charlando conmigo. Me dijo que ella, antes, no hablaba ni una palabra, y riendo me explicó que el problema era que ahora no se podía callar. Y me dijo que quería al maestro, lo quería muuuucho, porque él le había enseñado a perder el miedo de equivocarse.


EL PROFESOR

                                                                                 Eduardo Galeano

En el patio, un ruido de botas con espuelas. Desde lo alto de las botas, tronó la voz de Alcibíades Britez, jefe de policía del Paraguay, un servidor de la patria que cobraba los sueldos y recibía las raciones de los policías difuntos.

Desnudo, tirado boca abajo sobre el charco de su sangre, el prisionero reconoció la voz. Ésta no era su primera estadía en el infierno. Lo interrogaban, o sea, lo metían en la máquina de picar carne humana, cada vez que los estudiantes o los campesinos sin tierra hacían alboroto y cada vez que aparecía la ciudad de Asunción llena de panfletos para nada cariñosos con la dictadura militar.

La bota lo pateó, lo hizo rodar. Y la voz del jefe sentenció:

-El profesor Bernal… Vergüenza debía darte. Mira el ejemplo que les das a los muchachos. Los profesores no están para armar líos. Los profesores están para formar ciudadanos.

-Eso hago. -Balbuceó Bernal.


Contestó por milagro. Él era un resto de él.

sábado, 9 de mayo de 2015

Cuentos e historias para la ternura. La historia de este día domingo 10 de mayo del 2015. LA NIÑA LECIA. Cuauhtémoc R.G.

Amigas y amigos. En este 10 de mayo, como miles de personas, recuerdo a mi señora madre. Y quiero anotar una breve historia que le he dedicado desde hace años.  Hace 31 años que ella partió hacia la vida eterna, allá seguramente me espera, mientras tanto, acá le escribo esto. Ojala y les guste. Un abrazo y una felicitación a mis amigas que son madres, y a mis amigos que son padres y madres al mismo tiempo.





LA NIÑA LECIA.

En un lugar cercano a la ciudad de México, ahí en donde existió el gran señorío de Texcoco, desde mucho antes  de que llegaran los hombres barbados, existe un pueblito llamado Papalotla, que en lengua antigua significa "Lugar de las Mariposas".

Ahí las mariposas pasean por todas las calles. Las mariposas juegan en el parque del zócalo, en las milpas, en los patios de las casas, en las largas orillas del río.

Ahí, en Papalotla, vivió hace unos años una niña llamada Celia a quien le gustaba ir al centro y jugar en el kiosco con las mariposas. Con ellas corría, les hablaba, les cantaba y jugaba.

Celia tenia una mamá llamada Petra,  la cual era una mujer muy feliz, sencilla y trabajadora; también tenia un  papá llamado Indalecio,seguramente por esto, a Celia se le conocía como "Lecia", "La niña Lecia". Era un juego cariñoso de palabras; Indalecio, Lecia, Celia.

Indalecio  era un señor que todos los días,  antes del amanecer, se iba a trabajar al campo, porque él era un peón, un campesino que trabajaba sembrando maíz y otras cosas, por un salario muy pequeño.  Y todos los días, cuando llegaba la hora del almuerzo,  Lecia  y Petra le iban a dejar la comida a Indalecio.

Lecia iba por el camino corre y corre, juegue y juegue, ríe que ríe, mojándose los pies con el agua del río,platicando con las mariposas, y sintiendo en el rostro la frescura del viento y el calor del sol.

  Cuando por fin llegaban con Indalecio, sacaban la comida. Todo era un manjar;  llevaban tortillas calientes, frijoles,arroz, verduras, pollos y muchas frutas. Los tres comían juntos, contentos, 

Indalecio era un hombre al que  mucho le gustaba ir  a las ferias y apostar en la pelea de gallos; un día llegó la gran feria del pueblo de Tepeclaoxto,sus grandes juegos mecánicos, sus carreras de caballos, sus peleas de gallos,sus focos que por las noches alumbraban, su música con la banda del pueblo, y sus juegos artificiales, sus castillos y "El Torito".

Y ahí estaban los tres. E Indalecio apostó ¿y que creen? ... ¡perdió!, pero perdió y  no quiso pagar y los que ganaron dijeron "¿Cómo que no pagas?" y entonces lo empezaron a corretear. E Indalecio que empieza a correr, y Lecia y Petra  que lo empiezan a seguir, y que se meten para el cerro de Tepeclaoxto para cruzar hacia Papalotla,  Indalecio le decía a Lecia y a Petrita:¡corre, escóndete por allá! y la agarraba a la niña de la manita y la jalaba para acá y para allá, y los hombres con machete en mano les gritaban y les perseguían y aquellos corrían y total... ¡que se escaparon!.

Pero Indalecio no solamente era jugador. No solamente era peón de  campo.El  condenado también era bien mujeriego y enamorado. Y un día  Indalecio llego con Lecia y Petra  y les dijo "Me voy de la casa". Lecia se puso triste, triste, se quedó calladita,solamente mirando a su padre, y empezó a llorar, pero era una forma muy especial de llorar, porque sus lágrimas no salían de sus ojitos, sino que lloraba para adentro, y sus lagrimas iban directamente para su alma, ella estaba destruida.

Petra aunque no hacia notar su tristeza  también se sentía mal. Pero siempre mostró fortaleza. Pasaron los días, los meses y en una ocasión, La madre le dijo a la hija, "Lecia nos vamos del pueblo, nos vamos a vivir a la gran ciudad"

Lecia obedeció, y antes de irse,salió al patio de su casa, ahí se despidió de sus mariposas y agarró un puñito de semillas, y se lo guardo en la bolsita de su vestido. Miró al cielo, con sus ojos acaricio las blancas nubes y el viento le beso en las mejillas.

Cuando llegó a la ciudad se quedó sorprendida al  ver tantos edificios,tantos automóviles y tantas y tantas cosas distintas.

Aquí en la ciudad  creció, paso su niñez y su juventud. Aquí ella conoció a un hombre llamado José María, que le decían "El Gasolina", "El Chema", "El Zorro", en fin.

EL Gasolina era mecánico, chofer de camiones y trailers, le gustaba el alpinismo, corría maratones, era músico y pintor, era pues, artista, y además era comunista.

Ellos fueron novios, y un día,  Chema le dijo a  Lecia "Vamos a vivir juntos, vamos a casarnos". Lecia le dijo "Si, pero con una condición" y fue entonces cuando ella sacó aquellas semillitas que por tanto tiempo había guardado en su bolsita, y se las mostró, ahí, en su mano femenina. "Vamos a sembrarlas juntos", ella le dijo.

Él sin pensarlo  le dijo que si y juntos las  fueron a sembrar en una maceta que estaba en el patio de la vieja vecindad en que vivían en la Calle de Canal del Norte.

Pasaron los años y Chema tuvo que partir a una mejor vida. Lecia siguió viviendo con sus hijos y muchos años después,  ella enfermó. Un día, cuando ella estaba muy enfermita, decidió salir a pasear  por el jardín de su alma. 

Y cuando dio sus primeros pasos por el verde suelo, allí se  encontró  a Chema, y entonces se abrazaron y se besaron como se besan dos  grandes enamorados, se tomaron de la  mano, y  juntos fueron a ver aquellas semillitas que habían sembrado, y ya para ese entonces no eran semillitas, si no que era todo una milpa,  que estaba llena de sociólogos, ingenieros,arquitectos, bailarinas, contadores, estudiantes, trabajadores y trabajadoras,bueno, ... hasta un cuenta cuentos había.

Eso era lo que habían creado juntos.

En eso estaban, mirando su milpa,sonriendo a la vida, a sus noblezas y querencias, cuando de  pronto Lecia volteó la mirada y apareció ante ella  su mamá, sí, ahí estaba Petrita, y entonces Lecia corrió y la abrazó y la besó, y en eso estaban cuando la niña Lecia voltea hacia atrás y ve al güero Indalecio ahí parado, con los brazos abiertos y sonriéndole. Y entonces Lecia otra vez corre y corre y abraza a su padre y le dice "Papá, cuantos años esperándote, cuanto tiempo sin vernos", y el padre la besa y le dice "Ahora ya nada nos separará hijita, ahora viviremos una eternidad juntos, tu, yo, tu madre y tu  Chema".

Y los cuatro,  todos juntos se fueron caminando hacia el sol, atravesaron las aguas del río, jugaron y se bañaron en él, alcanzaron las nubes y besaron el cielo azul.

Y dicen  los que saben, que poco a poco, los cuatro  se fueron convirtiendo en mariposas.

Todavía,  a veces por las madrugadas, a veces por las tardes,  Lecia viene a verme, me toma de la mano, me canta canciones,me cuenta cuentos, y me lleva a caminar por las orillas del río, por donde vamos platicando de la vida.



                                         Cuauhtemoc Rivera Godínez

CUENTOS E HISTORIAS PARA LA TERNURA. La historia de este día sábado 9 de mayo del 2015.


Amigas y amigos, después de una breve pausa por temas que luego abruman la alegría de vivir, hoy regresamos con esta historia, escrita por nuestro Che en su Diario en Bolivia. Espero que les guste y conmueva. Un abrazo.



MARTES 9 MAYO


Nos levantamos a las 4 (yo no dormí) y liberamos a los soldados, previa charla. Se les quitaron los zapatos, se les cambió la ropa y a los mentirosos se les envió en calzoncillos. Partieron hacia la finquita llevando al herido. A las 6.30 completamos la retirada rumbo al arroyo de los monos por el camino de la cueva, donde guardamos el botín. 
Sólo nos queda la manteca como alimento, me sentía desfallecer y debí dormir 2 horas para poder seguir a paso lento y vacilante; la marcha en general se hizo así. Comimos sopa de manteca en la primer aguada. La gente está débil y ya habemos varios con edema. Por la noche, el ejército dio el parte de la acción nombrando a sus muertos y heridos, pero no a sus prisioneros y anuncia grandes combates con fuertes pérdidas por nuestra parte.

lunes, 13 de abril de 2015

Cuentos e historias para la Ternura. La historia de este día martes 14 de abril del 2015. GRACIAS EDUARDO. TE QUEREMOS MUCHO. Residente.

Amigas y amigos,  Con la partida física de Eduardo Galeano vienen las tristezas, las lágrimas, el desconcierto así como la convicción de que tenemos de reto de EL DEBE que este gran latinoamericano nos deja. Aparecerán historias de quienes lo conocieron personalmente. Esta es una de ellas. Les presento este texto que me envió por correo electrónico mi hermano Graco y que luego lo encontré en el facebook de CALLE 13. Es conmovedora. El titulo lo tome de una parte de la historia.

Espero que les guste, y que VIVA EDUARDO GALEANO ¡¡¡¡.




Gracias Eduardo. Te queremos mucho.









Eran como las dos de la tarde. Luego de intercambiar varios correos electrónicos el encuentro se hacía real. Estaba por conocer, no solo a uno de los escritores más grandes de Latinoamérica, sino que también al único escritor que fue capaz de capturar la atención de un niño índigo, que ahora de adulto carga con un déficit de atención y que vive en una nube de un país que no existe.

Después de 3 cuadras doblando hacia la derecha, nos refugiamos en un pequeño restaurante italiano. En la mesa había pastas al dente, pan, aceite, un poco de pimienta y vino. Al principio me sentía nervioso, no sabía cómo empezar, sobre qué temas hablarle. Tenía frente a mí un libro abierto mientras tomaba vino y me iba sintiendo como un libro sin letras.

Como si fuera poco, en mi cabeza se hacía cada vez más recurrente el aviso de que soy un tipo que patinó por 5 escuelas en Puerto Rico antes de graduarse, sin ningún credencial intelectual, con muy pocas lecturas en la cabeza y con una facilidad increíble para perderse en cualquier conversación. Sabía que al final sería delatado por mis ojos espaciados que miran sin mirar y atienden sin atender.

Solo tenía una forma de sobrevivir a este encuentro, así que decidí confesarle mi “padecimiento”. Por alguna extraña razón, en ese momento todos los platos, vasos y cubiertos dejaron de hablar para escucharme decir: “Eduardo, tengo un problema, soy muy despistado y a veces se me hace muy difícil seguir una conversación”. A lo que él me contesto, “yo también soy despistado y de los peores”. Desde ese momento en adelante todo fluyó de forma natural, como si fuésemos amigos de antaño. Eduardo empezó a hablar mientras mi esposa y yo escuchábamos. Fue como escuchar al tiempo narrando historias.

Compartió los escritos que tenía en una de sus libretas miniatura, donde escribía una idea por página. En ese momento andábamos por la ciudad de Nueva York. “Las ciudades resuelven el 90% de los problemas que ocasionan”, leía uno de los escritos en aquella pequeña libreta.

Nos contó sobre todos sus viajes por Latinoamérica, el tiempo cuando acampó con mineros en Chile, las historias de sus amigos arrojados desde un avión con las tripas al aire durante la dictadura en Argentina, sus años en la revista, su tiempo en España. Nos habló sobre su familia, su compañera, sus hijos, su sobrina, sus amigos escritores, sus no tan amigos escritores, sus encuentros, sus despedidas; toda una vida contada frente a una mesa a la que le salieron raíces y ramas que rompieron las ventanas de aquella tarde que ya era noche.

El vino no se acababa y nunca se acabó, porque siguió merodeando por nuestras cabezas hasta nuestra salida de aquel pequeño restaurante. Y así, amarrados hombro con hombro, como si fuéramos compañeros de toda una vida, nos acompañamos hasta llegar a su hotel.

Le pregunté si necesitaba ayuda para llegar a su habitación y me miró con la cara de alguien que sobrevivió momentos mucho peores que una subida de elevador con tres botellas de vino en la sangre. Lo entendí totalmente, así que decidí darle un abrazo. Luego del abrazo, apretándome con fuerza la mano con la que escribo y casi hablándome con los ojos me dijo, nos volveremos a ver. Así me despedí de una de las mejores historias que viví, el mejor de los cuentos.

Gracias por ese día Eduardo. Te queremos mucho,

René, Sol y Milo



domingo, 12 de abril de 2015

Cuentos e historias para la Ternura. La historia de este día domingo 12 de abril del 2015. SABTABIEL. Eduardo S. Benavides Abril.

Amigas y amigos, en esta ocasión les presento una historia llamada Sabtabiel, en donde su autor, Eduardo Benavides Abril, nos narra brevemente los inicios de una de las experiencias académicas más importantes que ha tenido la UNAM, el Autogobierno de Arquitectura, establecido en el mes de abril de 1972, hace 43 años. Va pues esta historia, escrita por Benavides el 18 de abril del 2011 y colocada en el muro de Facebook de AUTOGOBIERNO y que aquí lo reproducimos por su calidad narrativa e histórica. Un agradecimiento a todas las compañeras y compañeros que hicieron posible esta gran experiencia académica del autogobierno, que a la vez orientó otras experiencias en escuelas del bachillerato y de las facultades de la UNAM. Un abrazo.



SABTABIEL


18 de abril de 2011











Sabtabiel Agúndez había desertado de la universidad por problemas económicos.

Realmente era una carrera costosa la de arquitectura; no sólo por el gasto en libros y materiales, sino también porque reprobar materias era el pan de cada día. Gastabas una fortuna para las entregas de Proyectos y salías reprobado ¿quién de clase media podía aguantar ese ritmo?

Y no es que hubiera desertado, él sentía que el sistema de enseñanza lo había expulsado.

Era el año 1972 cuando habló con el director de Servicios Escolares de la UNAM para explicarle que el gobierno de Baja California Sur, entonces territorio, estaría por otorgarle una beca para estudios por mediación de la abuela, y que estaría en posibilidades de continuar en la ENA su carrera interrumpida. Una vez te das de baja de la UNAM es muy difícil que te vuelvan a admitir. El argumento convenció y aunque no le dieron la beca por no ser sudcaliforniano, sí logro su reinscripción. Entrando entrando pidió examen extraordinario y finalmente acreditó la asignatura que parecía imposible de aprobar: Taller de Arquitectura I de quinto semestre. Uno de los profesores asignados al extraordinario era Carlos González Lobo quien sugirió de manera muy clara y sencilla una solución de funcionamiento para aquel proyecto de “Guardería Infantil”. Cuando logró superar el bache, Sabtabiel juró que no permitiría ser nuevamente expulsado por el sistema autoritario y castrante de enseñanza.

Sabtabiel –a nombre de su grupo de compañeros de la clase de Estructuras- se había opuesto a “el Rojinegro” en 1971 a que parasen las clases como protesta por aquel fatídico Jueves de Corpus, y es que Sabtabiel era el mejor estudiante del grupo en aquel entonces. Sabtabiel había cambiado ya en 1972.

En la ENA se organizaba una especie de Congreso Académico al inicio del semestre, poco antes del mes de abril de 1972, con el que se pretendía efectuar cambios curriculares que harían más elitista la carrera de arquitectura. En el marco de dicho Congreso se enteró que en Sinaloa y Nuevo León había conflictos estudiantiles. Vagamente recuerdo que el Congreso viró su rumbo hacia la atención de diversos conflictos universitarios entre los que estaba el rechazo institucional al ingreso de estudiantes normalistas y de estudiantes de la Prepa Popular (que a la postre llegarían a puestos de dirección en escuelas de arquitectura de otras universidades). El entonces director Ramón Torres Martínez no supo o no quiso enfrentar los reclamos de un movimiento estudiantil para encontrar soluciones conjuntas y optó por dar la espalda dejando plantados a quienes, en comisión, se acercaron a dialogar. El arquitecto Torres abandonó su oficina quedando en manos de dicha comisión y en poco tiempo (horas?) ya había un plantón en el quinto piso de la Torre de Rectoría.

De todo esto Sabtabiel se enteró sin haber estado presente; sólo supo que unos estudiantes estaban en plantón en Rectoría ¿Era ya el CAL? No lo era como tal pues el nombre se discutió tiempo después en reunión, pero sí eran sus fundadores

Una noche subió Sabtabiel a la Torre y entregó su dinero para apoyar la causa. De primera mano fue informado de todo lo sucedido. Las asambleas se sucedían a diario y a cada momento en el auditorio de la escuela y nuestro personaje ya estaba más que integrado al movimiento.

El martes 11 de abril, como todos sabemos, se redactó el acta constitutiva del naciente autogobierno donde se decreta el desconocimiento de todas las autoridades internas y externas de la ENA. Ello incluía al consejero técnico alumno Navegas y a la consejera universitaria alumna Laura Calderón, quienes ya estaban a favor del autogobierno desde mucho antes.

Del 11 al 18 de abril las reuniones de análisis y discusión de propuestas fueron intensivas con el auditorio lleno de estudiantes, profesores y trabajadores.

El desconocido director Ramón Torres Martínez (qepd) tuvo a bien convocar a una asamblea de diálogo para resolver los conflictos planteados por la comunidad. La cita era para el martes 18, y cuando la comunidad más activa -entre ellos Sabtabiel- llegó al auditorio, el espacio estaba casi lleno con profesores afines al ex –director. Aún así todos cupimos. El Arq. Torres propuso a varios profesores para que formaran “la mesa” y se iniciara la discusión. Nápoles y Lobo declinaron la invitación del ex argumentando que preferían participar “desde abajo” lo cual arrancó una gran ovación marcando así la tan anhelada derrota política del autoritarismo en lo que era la Escuela Nacional de Arquitectura; derrota que sigue vigente haste el día de hoy.

Sabtabiel se había inscrito con gran ilusión al Taller 6 de Alvaro Sánchez, pues dicho taller se anunciaba como un experimento pedagógico novedoso. Se planteaba ahí que el proceso del diseño arquitectónico dejaría de ser una “caja negra” para convertirse en una “caja de cristal”. Christopher Alexander figuraba como uno de los impulsores de la nueva concepción (entre otros participantes en el Congreso de Portsmouth, Inglaterra). Alvaro Sánchez enarbolaba los “métodos cuantitativos de diseño”. Buena parte del Comité se había inscrito en el Taller 6 y estaría trabajando para las comunidades de Chiapas. La experiencia de dicho taller merece un capítulo aparte porque de ahí surge con gran fuerza uno de los objetivos que los estudiantes como Sabtabiel propusieron hace exactamente 39 años, con no poco malestar de algunos profesores aliados: la Vinculación al Pueblo

El 18 de abril de 1972 se sepultó el autoritarismo y se iniciaron en asamblea los trabajos formales para definir estructura y objetivos del autogobierno.

Primera ventaja de la democratización de la enseñanza?... organizar cursos de regularización que resolvieran en definitiva el alto índice de reprobación de la vieja escuela. Ahí vimos a Sabtabiel junto con otros autogobiernistas recibiendo las solicitudes de inscripción de casi 4 mil alumnos irregulares. Por cierto, Sabtabiel siendo un alumno de apenas quinto semestre (después de casi 5 años, inscrito en 1967) decidió colaborar con la causa impartiendo a sus compañeros las clases necesarias en los cursos mencionados












sábado, 11 de abril de 2015

Cuentos e historias para la Ternura. El cuento de este día sábado 11 de abril del 2015. EL PEQUEÑO SABIO. Cuento Popular Árabe

Amigas  y amigos, les presento este cuento árabe, que me parece interesante en varios sentidos. Espero les guste. Abrazos.


El pequeño sabio.

Cuento Popular Árabe







Cuatro mercaderes muy amigos en una racha de buena fortuna consiguieron vender el total de sus mercancías en una sola jornada  y para celebrarlo decidieron refrescarse en una casa de baños regentados por una anciana viuda.

Antes de entrar y para evitar malentendidos los cuatros hombres dejaron dicho a la anciana que a no ser que los cuatro estuvieran presentes no les entregase el dinero, así evitarían robos entre ellos y la anciana accedió.

Sucedió que mientras se bañaban se dieron cuenta que faltaba el jabón y uno de ellos decidió salir a pedírselo a la anciana.

– Vengo de parte de mis compañeros para que me de el dinero- dijo el pícaro a labpobre anciana.

– Eso no puede ser, no puedo daros el dinero hasta que los cuatro esteis presentes y de mutuo acuerdo.

El mercader se acerco a la puerta de los baños y grito a sus compañeros:

– La vieja no quiere dármelo si vosotros no me dais permiso…así que gritadlo para que se oiga…

-Si vieja dáselo, dáselo y pronto- contestaron los tres mercaderes que creían que hablaban del jabón.

La anciana pues confundida le entregó el dinero al pícaro que escapo de allí como alma que se lleva el diablo.

Al salir del baño y entender lo sucedido los tres mercaderes estafados y enfadados decidieron culpar a la anciana y llevarla a juicio para meterla en prisión como única culpable del robo.

El dia antes de el juicio la anciana no cabía en si de pena y se puso a llorar en la puerta de su casa…

-¿Porque lloras noble anciana?-La interrumpió un niño de cinco años que la miraba triste.

-Déjame con mi pena…mañana iré a juicio y acabaré con mis viejos huesos en la cárcel…

-Anciana…si me cuentas tu problema y te doy una solución ¿Me darás una moneda para comprar avellanas?

-Si  me das una respuesta-  sonrío la anciana ante la dulzura del niño- la tendrás.

– De acuerdo- dijo el niño tras oír la historia- mañana te presentarás al juez con estas palabras :

Señor Juez, ellos me confiaron el dinero a condición de que no se los entregará a no ser que los cuatro estuviesen presentes, así que con sumo gusto si consiguen reunirse con su colega y venir a pedirme los cuatros de mutuo acuerdo el dinero yo se los devolveré.


Al día siguiente el juez dejo libre de cargos a la anciana ante la rabia de los tres mercaderes, y el niño dicen que llegó a ser unos de los grandes consejeros de la corte.

https://cantardebardo.wordpress.com/2007/12/30/el-pequeno-sabio-popular-arabe/