viernes, 21 de junio de 2013

CUENTOS E HISTORIAS PARA LA TERNURA



CUENTOS E HISTORIAS PARA LA TERNURA. 

La historia de este día jueves 14 de junio del 2013.


Amigas y amigos
Este día se cumplen 85 años del natalicio de El Ché. Por esas bromas de la vida yo envié hace un mes la historia escrita por Eduardo Galeano. Despistado que soy. Bueno, ahora les envío la misma obra de Galeano má sun texto escrito por José Saramago y un tercero por El Hombre del Traje Gris. Ojala y les gusten. Un abrazo y que recordar a este gran hombre nos llene de ternura para movernos a construir un mundo en donde quepan todos los mundos.


CAMPANADAS POR ÉL

¿Ha muerto en 1967, en Bolivia, porque se equivocó de hora y de lugar, de ritmo y de manera?  ¿O ha muerto nunca, en ninguna parte, porque no se equivocó en lo que de veras vale para todas las horas y lugares y ritmos y maneras? 
Creía que hay que defenderse de las trampas de la codicia, sin bajar jamás la guardia. Cuando era presidente del Banco Nacional de Cuba, firmaba Che los billetes, para burlarse del dinero. Por amor a la gente, despreciaba las cosas. Enfermo está el mundo, creía, donde tener y ser significan lo mismo. No guardó nunca nada para sí, ni pidió nada nunca. 
Vivir es darse, creía; y se dio.
                                                                                                         Eduardo Galeano


BREVE MEDITACIÓN SOBRE UN RETRATO DE CHE GUEVARA
                                                                                                        
                                                                                                          José Saramago

No importa que retrato. Uno cualquiera: serio, sonriendo, arma en mano, con Fidel o sin Fidel, diciendo un discurso en las Naciones Unidas, o muerto, con el torso desnudo y ojos entreabiertos, como si del otro lado de la vida todavía quisiera acompañar el rastro del mundo que tuvo que dejar, como si no se resignase a ignorar para siempre los caminos de las infinitas criaturas que estaban por nacer. Sobre cada una de estas imágenes se podría reflexionar profusamente, de un modo lírico o de un modo dramático, con la objetividad prosaica del historiador o simplemente como quien se dispone a hablar del amigo que descubre haber perdido porque no lo llegó a conocer.

Al Portugal infeliz y amordazado de Salazar y de Caetano llegó un día el retrato clandestino de Ernesto Che Guevara, el más célebre de todos, aquel hecho con manchas fuertes de negro y rojo, que se convirtió en la imagen universal de los sueños revolucionarios del mundo, promesa de victorias a tal punto fértiles que nunca habrían de degenerar en rutinas ni en escepticismos,antes darían lugar a otros muchos triunfos, el del bien sobre el mal, el de lo justo sobre lo inicuo, el de la libertad sobre la necesidad. Enmarcado o fijo a la pared por medios precarios, ese retrato estuvo presente en debates políticos apasionados en la tierra portuguesa, exalto argumentos, atenuó desánimos,arrullo esperanzas. Fue visto como un Cristo que hubiese descendido de la cruz para descrucificar a la humanidad, como un ser dotado de poderes absolutos que fuera capaz de extraer de una piedra con que se mataría toda la sed, y de transformar esa misma agua en el vino con que se bebería el esplendor de la vida. Y todo esto era cierto porque el retrato de Che Guevara fue, a los ojos de millones de personas, el retrato de la dignidad suprema del ser humano.

Pero fue también usado como adorno incongruente en muchas casas de la pequeña y de la media burguesía intelectual portuguesa, para cuyos integrantes las ideologías políticas de afirmación socialista no pasaban de un mero capricho coyuntural,forma supuestamente arriesgada de ocupar ocios mentales, frivolidad mundana que no pudo resistir al primer choque de la realidad, cuando los hechos vinieron a exigir el cumplimiento de las palabras. Entonces, el retrato del Che Guevara,testimonio, primero, de tantos inflamados anuncios de compromiso y de acción futura, juez, ahora, del miedo encubierto, de la renuncia cobarde o de la traición abierta, fue retirado de las paredes, escondido, en la mejor hipótesis, en el fondo de un armario, o radicalmente destruido, como se quisiera hacer con algo que hubiese sido motivo de vergüenza.

Una de las lecciones políticas más instructivas, en los tiempos de hoy, seria saber lo que piensan de sí mismos esos millares y millares de hombres y mujeres que en todo el mundo tuvieron algún día el retrato de Che Guevara a la cabecerade la cama, o enfrente de la mesa de trabajo, o en la sala donde recibían a lo samigos, y que ahora sonríen por haber creído o fingido creer. Algunos dirían que la vida cambió, que Che Guevara, al perder su guerra, nos hizo perder la nuestra, y por tanto era inútil echarse a llorar, como un niño a quien se le ha derramado la leche. Otros confesarían que se dejaron envolver por una moda del tiempo, la misma que hizo crecer barbas y alargar las melenas, como si la revolución fuera una cuestión de peluqueros. Los más honestos reconocerían que el corazón les duele, que sienten en el movimiento perpetuo de un remordimiento,como si su verdadera vida hubiese suspendido el curso y ahora les preguntase,obsesivamente, adonde piensan ir sin ideales ni esperanza, sin una idea de futuro que de algún sentido al presente.

Che Guevara, si tal se puede decir, ya existía antes de haber nacido, Che Guevara, si tal se puede afirmar, continúa existiendo después de haber muerto. Porque Che Guevara es sólo el otro nombre de lo que hay de mas justo y digno en el espíritu humano. Lo que tantas veces vive adormecido dentro de nosotros. Lo que debemos despertar para conocer y conocemos, para agregar el paso humilde de cada uno al camino de todos.



EL HOMBRE

   La puerta se abrió de un fuerte golpe.Apareció un hombre con un fusil. Tenía órdenes precisas de dispararle al prisionero abajo del cuello, nada en la cabeza.

El prisionero, atado de las manos, se levantó del suelo y dirigiéndose a su verdugo le dijo:
“Mírame a los ojos, sabes bien quien soy, mírame a los ojos porque vas a matar a un hombre”

El verdugo disparó su arma varias veces. “La  Oveja Negra” cayó al suelo.  Quienes mandaron al verdugo afirmaron que el prisionero estaba muerto al fin.

Sin embargo, al año siguiente,  en julio de 1968, se le vio caminando por las calles de la Ciudad de México, en el hermosos  Paseo de la Reforma junto a miles de estudiantes, trabajadores y amas de casa. Meses antes ya había sido visto en París y  en Tokio.

27 años después de haber sido acribillado, se le vio en una lejana comunidad de las montañas del sureste mexicano  sentado entre los matorrales, escuchando las platicas de los sin rostro para iniciar la guerra,  y seis años más tarde apareció en los campos de la Ciudad Universitaria de este mismo país, una vez más, con estudiantes, ahora del Consejo General de Huelga.

Cuando el primer presidente indígena de Bolivia pronunciaba un discurso en aquella  escuela en donde “El Hombre” estuvo detenido, él,  sentado a la sombra de un árbol estaba ahí, con su boina, su mirada serena, de amor, otra vez, escuchando a  su gente, a su pueblo, que alguna vez quienes lo acribillaron habían dicho que esos campesinos “lo habían abandonado”.

En junio del 2011 se le vio a bordo de uno de los camiones de La Caravana del Consuelo, y con ella atravesó 3 500 kilómetros de suelo mexicano. Y cuentan que en la comunidad de Vicente Guerrero, en el estado de Durango, estuvo escuchando los relatos de las madres de los muchachos que son secuestrados por  los sicarios y los paramilitares en la madrugada. Y dicen que “El necio”  las veía y apuntaba en su corazón aquellas palabras femeninas. Y que lo mismo hacía en todos lados, en Morelia, en San Luis, Durango, Torreón, Saltillo, Monterrey, Camargo, Jiménez, Delicias, Chihuahua y Juárez. Miraba, escuchaba, lloraba, apuntaba, y cuando había baile y canto, también ahí estaba.

El 1 de diciembre del 2012 se le vio en La Batalla de San Lázaro en la Ciudad de México junto a muchachas y muchachos perseguidos y golpeados por la policía. Y hace unos días, el pasado lunes 10 de junio de este 2013, él miraba y miraba desde la acera de la Catedral Metropolitana en el Zócalo de la Ciudad de México a los jóvenes que recordaban a sus muertos de hace 46 años y defendían su derecho a la protesta y a la dignidad.

Necio, necedad, dulce necedad, dulce firmeza. Murió como vivió, Vive como murió, caminando es lo que él es, y nace en cada momento.
Este hombre nace todos los días, ahí en donde hay dignidad, esperanza, amor, y disposición a la Revolución.
El Necio, La Oveja Negra, El Hombre,  sigue enseñando día a día la necedad de vivir sin tener precio.

                                                                                                     El Hombre del Traje Gris.






                                                                                        14 de junio del 2013.