martes, 23 de septiembre de 2014

CUENTOS E HISTORIAS PARA LA TERNURA. La historia de este día martes 23 de septiembre del 2014. LA BATALLA DEL CASCO DE SANTO TOMÁS, 23 DE SEPTIEMBRE DE 1968.




Amigas y amigos, les envío la tercera historia de la resistencia politécnica a los grupos policíacos, paramilitares y militares en 1968. Espero que les conmuevan. Son tres testimonios de estudiantes politécnicos que participaron activamente en ese movimiento estudiantil. Un abrazo


LA BATALLA DEL CASCO DE SANTO TOMÁS, 
23 DE SEPTIEMBRE DE 1968.




Para el 23 de septiembre, las escuelas se habían transformado para muchos de nosotros en nuestras casas, sobre todo los que veníamos de provincia. Comíamos, dormíamos. Todo giraba en torno a las escuelas. Llegaban estudiantes a las cafeterías, convertidas en comedores; no sólo los de guardia, todos, y el lumpen y gente que llegaba. Además, nos llegaban provisiones de todos lados. Siempre teníamos comida abundante.
Días antes ya nos tenían muy hostigados. Desde fines de agosto. Un día llegaron esos paramilitares y un compañero, el Chivo Arrod, se les enfrentó, y un paramilitar le sacó la pistola y estaba a punto de dispararle cuando una señora, de unos sesenta años o más y toda tembeleque, que tenía una lonchería, sacó un cuchillo, se lo puso en la frente al tipo: “Usted que lo mata y yo que lo atravieso”.
La situación de violencia era generalizada y no éramos nosotros quienes la habíamos desatado.
La batalla del 23 de septiembre se inició prácticamente entre las seis y las siete de la tarde. Una cantidad considerable de compañeros salieron asustados de lo que estaba sucediendo; la policía ya no estaba jugando sino venía armada y los enfrentamientos eran bastante serios, particularmente en la Escuela de Economía. Yo no lo vi, pero hubo compañeros que dijeron que ahí había algún rifle 22, aparte de las bazucas esas y piedras.
Recuerdo el espectáculo tan impresionante que había en la Escuela de Medicina, donde había compañeros heridos en la plancha de operaciones y disección, y ahí se quedaban. Llegaban compañeros heridos, muy graves, porque la herida que ocasiona un rifle Máuser es verdaderamente espectacular. Uno de los lugares que tomaron primero fue precisamente Medicina. Lo tomó la policía montada. El Casco finalmente lo tomó el ejército.
Cuando la resistencia del Casco de Santo Tomás, con los antecedentes de Zacatenco y Tlatelolco, nuestra actitud frente a los granaderos había cambiado mucho En vez de sentirnos siempre reprimidos, avanzábamos, los enfrentábamos cada vez más. Si en Tlatelolco nos habíamos preparado para enfrentarlos, los habíamos provocado, cuando se da la defensa del Casco de Santo Tomás ya los estábamos esperando. Para entonces ya habíamos recibido muchas experiencias de resistencia de los compañeros ferrocarrileros, la gente de Tepito y Peralvillo.

En el Casco luchamos primero contra los granaderos, y luego con la policía montada. Mientras que los granaderos generalmente utilizaban gases lacrimógenos y pistolas 38 cuando mucho, la policía montada usaba mosquetones y Máuser, con características muy similares a las del ejército.
Participaron prácticamente todas las escuelas, incluyendo la ESCA, la Escuela Superior de Economía, Ciencias Biológicas, Medicina, Enfermería, que ya se había integrado totalmente al movimiento, Voca Tres, Voca Seis “Wilfrido Massieu”; ya para entonces habíamos tomado la FNET y por lo tanto el Casco lo teníamos todo.

Habíamos perfeccionado nuestro arsenal. Hicimos unas bazucas con cohetones (cohetes de arranque), que se prenden y salen conducidos con un tubo de agua de tres cuartos; esos nos daban posibilidad de apuntar.

Es necesario destacar lo patético que es ese proceso, no se cómo describirlo. Había compañeros que se enfrentaban, pero otros salían despavoridos. Empiezan a cundir la desesperación, el pánico, la impotencia. Y luego empiezan a llegar noticias de compañeros que han muerto, de tal forma que se genera una situación verdaderamente dramática.

Esa fue la experiencia más dramática de mi vida. Fue la primera vez que sentí miedo a la muerte. Ahí eran nuestras casas. No había a dónde ir.

Para el 2 de Octubre yo ya experimentaba una verdadera sicosis. Palabra que en el Casco de Santo Tomás yo sí vi la muerte. Me entró pánico. Caminaba por muchos lados y sentía que la muerte estaba muy cerquita, que muchos compañeros habían tronado ahí, o por lo menos esa idea tenía yo. Posteriormente nos fuimos rencontrando muchos pero la imagen que nos deja el Casco de Santo Tomás es de que debieron haber muerto muchas gentes. No fue así. Sí hubo muertos, pero pocos en relación a la violencia.


                                                    Jaime García Reyes



En esas épocas hasta engordábamos. Llegábamos en brigada a un mercado a botear, nos daban canastas de víveres. Pero, no podemos decir que nos enfrentábamos porque sí. Nos asediaban. Por las noches era común que paramilitares o policías entraran a las escuelas para asaltar con medias en la cara, fundamentalmente las escuelas prevocacionales.

De pronto hay cortos circuitos y se va la luz en esa zona. La policía hizo chocar los cables de alta tensión y se rompieron los alimentadores. Las escuelas se inundaron porque la balacera tronó los tinacos y había muchísima agua. 

Entonces, los muchachos hicieron una defensa en condiciones muy difíciles. Pero cuando entra el ejército, hasta los heridos habían sido sacados por las partes traseras. O sea, no hacen muchos prisioneros.

En la toma de cualquier plaza, alguien con un altavoz dice: “ríndanse” o cualquier cosa. Pero en Santo Tomás no hay intento de negociación; el ejército, las fuerzas paramilitares y la policía actúan para el desalojo. No permitieron una rendición. Se trataba de matar, destruir. La resistencia era de vida o muerte. ¿Cómo decir “bueno, ahí muere señores. Nos rendimos. Tomen la plaza”.
                                     
                                               Fernando Hernández Zárate



La secuencia es: Primero, granaderos; intentan acercarse y son rechazados completamente, una de las cosas que causa mucho impacto en ellos son las bazucas. Posteriormente llega la policía montada y por último el ejército. Los que estábamos en Zacatenco, al tener conocimiento de este enfrentamiento, vamos al Casco y lo encontramos rodeado por el ejército. A eso de las diez u once de la noche es un zangaloteo de balazos y estallidos.

Cuando por fin entran el ejército y la montada, no agarran a nadie; encuentran compañeros muertos en la Escuela de Medicina pero nada más.

Es el punto que me parece más significativo, la defensa de nuestra institución, nuestra casa, el lugar donde vamos a realizar la posibilidad de nuestra superación. Es todo. Es muy diferente a la actitud del universitario, no por menospreciar. Se ve en la Voca Cinco, la Voca Siete, Zacatenco. Cuando sale el ejército nos volvemos a posesionar de los planteles para cuidar nuestras bancas, los laboratorios, la maquinaria, la biblioteca. En nuestra escuela no se perdió un solo libro, no se destruyó absolutamente ningún equipo de laboratorio ni de maquinaria; teníamos máquinas costosas.

Esta resistencia también se dio en las Prepas Uno, Dos, Tres, Cinco, Nueve, pero donde tuvo más significado y heroismo fue en el Politécnico. Nunca hubo la idea de rendirnos. Frente a la fuerza, nunca se nos ocurrió decir: “Vamos a rendirnos”, sino “Vamos adelante, vamos adelante”. Esto se mantuvo incluso después del 2 de Octubre.

                                                                       David Vega

Jaime García Reyes, hijo de una maestra normalista que participó en el Movimiento Revolucionario del Magisterio, militó desde muy joven con los comunistas de la Liga Espartaco, estudió en la Escuela Superior de Economía y actualmente da clases en el IPN y el CCH Sur.

Francisco Hernández Zárate nació en Orizaba, Veracruz, donde su padre, obrero de la Cervecería Moctezuma, sufrió cárcel por su actividad sindical. Egresado de la Escuela Superior de Economía, desde hace varios años trabaja como asesor de diversas organizaciones agrícolas afiliadas a la Confederación Nacional Campesina.

David Vega, hijo de un maestro normalista que participó en el movimiento henriquista, estudió en la Escuela Superior de Ingeniería Textil, trabajó muchos años en la industria textil y ahora dirige una escuela técnica en el estado de Puebla.