sábado, 20 de septiembre de 2014

CUENTOS E HISTORIAS PARA LA TERNURA.La historia de este día domingo 21 de septiembre del 2014. La batalla de la Vocacional 7.

Amigas y amigos. Hoy les envío una historia sucedida en 1968 durante el Movimiento Estudiantil de aquel año. Yo estaba re chavito pero mis hermanos estaban metidazos en ese movimiento y Jesús (él estudiaba en la Vocacional 3) estuvo en esa  Batalla. Recuerdo que mis padre y yo fuimos a buscarle a la Vocacional 7 y presenciamos muchas cosas de las que estos relatos narran, como la participación de los vecinos en la batalla de esa noche.
Recuerdo que aquella noche mi hermano llegó a casa con un golpazo muy fuerte en la rodilla derecha porque una bomba de gas lacrimógeno le pegó, y lo que más le impresionó a él, nos dijo, es que un compañero estudiante recogió la bomba con la mano y de un lance la regresó hacia los granaderos
Como a diario, la lucha de la memoria en contra del olvido, por eso hago este envío. Espero les guste. Un abrazo y que el espíritu de los jóvenes , jóvenas, niñas y niños del 68 viva siempre en nosotros.
Los relatos son de Jaime García Reyes y Francisco Hernández Zárate, y los encontrè en la revista Nexos, este es el link, les recomiendo la lectura completa.




LA BATALLA 
DE LA VOCACIONAL 7.  
21 DE SEPTIEMBRE DE 1968.

Jaime García Reyes: Cuando el bazucazo y la toma de la Prepa Uno, nosotros estábamos en la Vocacional Siete. Sabíamos que habían tomado la Vocacional Cinco y que venía un camión del ejército. Se discutió mucho si ofreceríamos resistencia al ejército, incluso nos intentamos parapetar, amarramos cadenas, pusimos mesabancos y varios compañeros estaban dispuestos a quedarse ahí agarrados de la mano para impedir que el ejército tomara la escuela. Sin embargo, al oír las noticias de lo que está sucediendo, y en el momento en el cual vimos llegar las tanquetas, decidimos correr. Salió mucha gente de Tlatelolco a gritarle al ejército; probablemente se dispararon algunas balas.

Muchos se fueron a refugiar en la Unidad Habitacional. Ahí empezó a gestarse una cierta identidad entre los estudiantes y los habitantes de Tlatelolco. En esa época yo vivía ahí, en Tlatelolco, y muchos compañeros de la Vocacional Siete se refugiaron en el departamento que tenía con mis hermanos. Sin embargo, nosotros teníamos temores y nos fuimos; pasamos toda la noche vagando por Buenavista y a la mañana nos encontramos con que ya habían sido tomadas todas las escuelas y que en la Vocacional Siete habían detenido a mi hermana Oralia. En el Poli había pocas mujeres, y su detención causó malestar. Estuvo detenida unos tres días. A una asamblea nuestra asistieron los del Comité Ejecutivo de la FNET y prometieron conseguir la libertad de Oralia. Los estudiantes se enardecieron y le hicieron una valla a Rosario Cebreros y otras gentes desde el auditorio hasta la calle, los sacaron a patadas, los escupían, los golpeaban. El primer acto violento en contra de los dirigentes de la FNET se dio ahí precisamente. De nada sirvieron sus porros y golpeadores. Se les dio una tranquiza realmente vergonzosa para cualquier gente. El retrato de Oralia salió en El Sol de México del mediodía, y posteriormente en Siempre!, en una columna de Renato Leduc quien la presenta como una niña detenida, víctima de una monstruosidad: una chiquilla que apenas debe de tener catorce años, agredida por la policía.

Se iba creando un clima de violencia muy agudo. Así, al llegar al sábado 21 de septiembre supimos que otra vez venían los granaderos. Nos preparamos desde la mañana para enfrentarlos. Considerábamos que la represión no tenía posibilidades si era a través del enfrentamiento. Ese sábado nos dedicamos a preparar un enfrentamiento con los granaderos, a provocarlos para que se acercaran. En la Vocacional Siete confeccionamos bombas Molotov y las fuimos subiendo a los techos de Tlatelolco. Un espectáculo padrísimo fue ver a los niños de Tlatelolco, con cucharas, escarbando y sacando piedras, porque Tlatelolco estaba empedrado, y subían enormes cantidades de piedras a los edificios. Quemamos trolebuses, quemamos patrullas, quemamos un jeep de Tránsito, interrumpimos el tráfico por San Juan de Letrán; eso fue durante todo el día, mientras los granaderos en ese momento estaban muy ocupados enfrentando a los estudiantes de Zacatenco. Concurrieron a Tlatelolco estudiantes de prácticamente todas las escuelas. Decíamos: “en Zacatenco nos están golpeando, vamos a provocar situaciones para que vengan por nosotros que sí estamos preparados para enfrentarlos”. Como no venían nos fuimos al paseo de la Reforma, en el cruce de Insurgentes; rompimos los semáforos para interrumpir el tráfico. Cerca de las cinco de la tarde pensábamos ya que no iban a llegar y los de otras escuelas se empezaron a retirar, pero como a las seis y media llegaron los granaderos y se inició ahí una de las batallas más terribles que hayamos tenido contra ellos, y con un saldo positivo para nosotros. Los granaderos concentraron su ataque sobre la Vocacional Siete, cuando nosotros ya habíamos salido a los alrededores o a los edificios. En la Vocacional se habían quedado aproximadamente dos personas, pero esa noche los granaderos no entraron a la Vocacional, porque nos habíamos parapetado en los edificios y cuando llegaron los atacamos por todos lados. La gente de Tlatelolco descubrió que los boilers automáticos, que en aquella época eran una novedad, permitían tener agua muy caliente. Cuando se acercaban los granaderos, les echaban baldes de agua caliente. Nosotros utilizábamos las piedras y las bombas Molotov, y mientras ellos agotaban sus gases lacrimógenos contra la Vocacional, algunos muchachos les tiraban piedras con hondas. Los granaderos contestaron también con piedras. Los teníamos acorralados.

La lucha se extendió hacia Peralvillo, la Exhipódromo y Tepito. En Exhipódromo de Peralvillo les aventaban llantas encendidas. La lucha, más o menos con ese grado de intensidad, se mantuvo de las siete a las doce de la noche. Algunos compañeros de la Vocacional, un poco más aventados, se metieron entre las ruinas de Tlatelolco, y arrojaron bombas Molotov al edificio de Relaciones Exteriores, que se empezó a incendiar. Había granaderos por ahí y agentes de tránsito que dejaron sus patrullas para apagar el fuego. Entonces nuestros compañeros les dieron la vuelta y mientras ellos apagaban les quemaron las patrullas, tres motocicletas y un jeep. Por ahí había un supermercado y no se quien lo quemó, la gente salió a apagarlo. Los granaderos se vieron imposibilitados totalmente y se suscitó un incidente grave. Un militar que andaba de civil, de apellido Urquiza, intentó llegar a su ‘casa en Tlatelolco, y vio que unos granaderos golpeaban a su madre. El tipo sacó su pistola y mató a dos granaderos.

A las doce de la noche no había un sólo detenido, los granaderos habían agotado sus provisiones de armas, habían muerto dos de ellos, y se pusieron a disparar, a mí me consta. Vi granaderos disparando con pistola. Cuando ya estaban totalmente derrotados, llegó el ejército, y nosotros, como si no hubiera pasado nada, nos bajamos a dialogar con un general que encabezaba el batallón ese.

En ese momento, la prensa niega todo lo que está sucediendo. Resalta la muerte de los granaderos en manos del militar pero minimiza la situación de Tlatelolco. Leyendo los periódicos uno piensa que nada sucedió. Ese día no tomaron la Vocacional Siete. Al día siguiente, domingo, la Vocacional está impenetrable por la cantidad de gases lacrimógenos que hay impregnados. Se hace una especie de caminito para que la gente entre a verla, como si fuera un monumento o una visita guiada. Los habitantes de Tlatelolco bajan a la iglesia, salen de misa y entran a la Vocacional, la recorren, ven la enorme cantidad de balazos por todas partes. A la entrada, les repartimos a los visitantes una gasa con vinagre para que puedan recorrer la Vocacional y nuestras finanzas crecen de una manera extraordinaria; así como van y depositan su limosna en la iglesia, aquí a la entrada ponemos un tambo grande y la gente que entra con su vinagre a recorrer la Vocacional echa dinero. Ese domingo, una enorme cantidad de gente de Tlatelolco visita y reconoce la Vocacional, sube a todos los pisos, ve los laboratorios y descubre lo que han hecho los granaderos.

Hernández Zárate: En Tlatelolco había dos escuelas pertenecientes al Poli: la Prevocacional Cuatro y la Vocacional Siete. Era notable ver a los niños y jovencitos de la Prevocacional Cuatro, de catorce o quince años, de una agresividad pasmosa.

Jaime Reyes García: Había otra secundaria enfrente, la 83, no politécnica; más adelante otra más. Todos esos chavitos de secundaria, aprovechando el sábado (en aquellas épocas iban los sábados a la escuela pero salían temprano), se integraron para pertrecharse contra los granaderos. Muchos eran habitantes de Tlatelolco. Teníamos las azoteas de los edificios llenas de chavos con piedras gordas, porque esa era la forma en que se empedraba la unidad, pura piedra gorda que era buenísima para aventar.

Jaime García Reyes, hijo de una maestra normalista que participó en el Movimiento Revolucionario del Magisterio, militó desde muy joven con los comunistas de la Liga Espartaco, estudió en la Escuela Superior de Economía y actualmente da clases en el IPN y el CCH Sur.

Francisco Hernández Zárate nació en Orizaba, Veracruz, donde su padre, obrero de la Cervecería Moctezuma, sufrió cárcel por su actividad sindical. Egresado de la Escuela Superior de Economía, desde hace varios años trabaja como asesor de diversas organizaciones agrícolas afiliadas a la Confederación Nacional Campesina.