martes, 10 de mayo de 2016

LA MÚSICA DEL CORAZÓN. Martes 10 de mayo del 2016.

Nuevamente en mi casa. Después de varios días en el Hospital General de la Ciudad de México hoy estoy aquí frente a la Mc para escribir esta experiencia.

Llegué ahí  porque en Urgencias de el Instituto de Nutrición me negaron la hospitalización ante un sangrado interno. "Es que solamente hospitalizamos a personas que vienen en situación de vida o muerte, y ese no es su caso" me dijo el joven doctor.

Contrario a mi peleonero espíritu, me fui y otra vez José Luis Estrada me ayuda a ser internado. En el HG encuentro la atención médica del doctor Del Valle y sus atinados diagnósticos, para luego ser atendido por un equipo de doctores en el que sobresale el doctor Gamboa, un joven médico atento, sencillo y concentrado en su trabajo.

Gracias a sus indicaciones fui atendido para una endoscopía gastrica y posteriormente una operación para ligar las várices que hoy me atacan. Todo parece indicar que la operación fue un éxito y me dieron de alta ayer lunes 9 de mayo.

La estancia ahí me dejó muchas experiencias. Desde observar a la multitud de persona que van a solicitar atención médica, mayoritariamente de los de abajo, con el color de la tierra en su piel, así como aprender como hay jóvenes de 25 años que enfrentan con valor y coraje al cáncer que los agrede  y ancianos que tienen el aliento de luchar por su vida. Muchos huevos de jóvenes, jóvenas, ancianas, ancianos, hombres, mujeres y familias enteras.

No cabe duda que somos un país con una franja muy amplia de población avasallada por las enfermedades, y así como hay negligencia médica en muchos casos (la actitud de los "médicos" de Nutrición ante mi sangrado), también hay doctoras y doctores concentrados y comprometidos con la población.

En estos días tuve la fortuna de ser visitado por amigas y amigos entrañables, que con sus palabras, abrazos, sonrisas, orientaciones y ejemplo me han estimulado a enfrentar con huevos esta enfermedad.

Mi hermano y maestro Elías Razo con su cariño y empatía, Tatiana, con su firmeza y sus orientaciones para cambiar mi actitud mental y enfrentar con valor, coraje y talento este momento. Rosa María Duran con sus enseñanzas del guerrero de la luz y del amor divino. La doctora Alicia Hernández, con su amistad de décadas y sus experiencia médica, y mi comadre Mariza que  tuvo la gentileza de visitarme y narrarme su testimonio de vida en contra del cáncer por más de 10 años, siempre acompañada por Diego.

Mariza, siempre en la lucha sindical y ahora pude conocer su lucha por la vida. Cuando ella se despidió de mi le dije de manera muy sincera "Gracias por venir, de verdad que eres el ejemplo que voy a seguir en en esta etapa fundamental de mi vida". Ella solamente sonrió y me dio un cálido abrazo.

También llegó Diego y me platicó a detalle esa lucha de toda la familia, de todo su amor, de toda sus pasiones. Una lucha sin cuartel ni sosiego, siempre atentos, siempre vigilantes.

Y el amor sin limite que me brindaron Celia, Mariana, Robert, Sabina y Cuate, así como Jimena, mis hermanas Sonia y Delta y mis hermanos Graco, Jesúsy Stalin

La experiencia clínica de la mano de la experiencia espiritual, emocional, amorosa y de defensa y lucha por la vida. La experiencia de ser una raza de guerreros.


No hay duda, la vida es, como me decían los compas allá en la escuela primaria en Tepito, la única oportunidad de echarle huevos para defender al barrio, a los del salón de clases, a la colonia, a la familia .... y a la vida de uno mismo. Así que... hay que echarle muchos huevos a esta guerra por el derecho a la vida. a la felicidad y al amor.