sábado, 20 de julio de 2013

CUENTOS E HISTORIAS PARA LA TERNURA. Dos historias para este sábado 20 de julio del 2013




 Amigas y amigos

En este día que se conmemora el 90 aniversario del asesinato de Pancho Villa, les envío dos historias que narran ese acontecimiento. Espero les conmuevan. La primera fue  publicada hoy sábado en la prensa nacional,la segunda la encontré en el ciberespacio. Un abrazo.




Parral me gusta hasta para morirme…


                                                                                                                                                   Armando Alanís

 Cuando Pancho Villa dejó las armas y se retiró a la Hacienda de Canutillo, comentó a sus amigos: “A mi me van a matar, si me dejan vivir tres años, será mucho”. En otra ocasión, le dijo a Francisco Piñón, su hijo adoptivo: “Mira, Piñoncito,yo, después de muerto, le he de dar de comer a muchos. Ni muerto me van a dejar descansar”.

Adolfo de la Huerta como presidente provisional de México y amigo de Villa, gestionó que éste depusiera las armas. El 28 dejulio de 1920, en Salinas, Coahuila, el Centauro firmó los convenios mediante los cuales aceptaba retirarse a la vida privada. A cambio el gobierno le cedió la Hacienda de Canutillo, en Durango. En entrevista concedida al periodista Regino Hernández Llergo,declaró, un año antes de ser asesinado, que su amigo Fito “no se vería mal en la presidencia”.

Por su parte, Jesús Herrera, hombre acaudalado, tenía sobradas razones para querermatarlo. Villa había perseguido y dado muerte a varios de sus parientes, luego de que Maclovio Herrera dejó a la División del Norte para unirse a los carrancistas. Poco antes del atentado, Villa y Herrera tuvieron un altercado verba, durante el cual ambos se amenazaron de muerte. Herrera ya había contratado a matones, que fallaron. En varias cartas, Villa buscó presionar  al gobierno para que tomara medidas contra suenemigo. Envió una última a El Universal. “En esa carta, fechada el 19 de marzode 1923, Villa decía que durante más de un año y medio Jesús Herrera había intentado asesinarlo” (Friedrich Katz)

El 20 dejulio de 1923, muy temprano, un cochero fue a avisarle a Villa que se preparabauna emboscada, pero Villa no hizo caso. Tenía hombres con caballos a las afueras de Parral. A caballo, sería difícil que le dieran alcance. Lo que no previó es que el atentado se realizaría en pleno centro de la ciudad.

Había pasado la noche con su esposa parralense, Manuela Casas. Se despidió de ella y de su pequeño hijo Trinidad a eso de las siete y media de la mañana y abordó,con su escolta, el Dodge Brothers estacionado en la calle para regresar a Canutillo.Le dijo a su chofer que él mismo iría al volante. Avanzaron por la calle de Zaragoza  y doblaron por la avenida Juárez. En el callejón de Meza, un hombre se quitó el sombrero al pasó del vehículo y gritó “¡Viva Villa!”. Al llegar a la calle de Gabino Barreda, una zanja obligó al Centauro a frenar. Fue entonces cuando ocho hombres salieron de los números 7 y 9  de Gabino Barreda y empezaron a disparar. Villa murió instantáneamente. Tenía cuarenta y cinco años.

Fueron alrededor de 150 balazos los que acabaron con la vida del revolucionario de Durango y de algunos de sus compañeros.

Sólo dos sobrevivieron: Rafael Antonio Medrano, quien murió poco después a consecuencia de las heridas, y Ramón Contreras. Este último con un brazo destrozado  por una bala expansiva, alcanzó a bajar del coche  en medio de la refriega y corrió  hasta llegar a la casa de Manuela. El médico militar José Raya evitó que muriera desangrado.

En Canutillo, esperaba al general Austreberta Rentaría, embarazada de nueve meses.Cuatro días después, daría a luz a un niño. No lejos de la casa grande de la hacienda, aguardaba también otra de sus amantes, Soledad Seáñez. Pero lo que llegó fue un telegrama con la noticia.

Además de Jesús Herrera, eran muchos los que temían y odiaban a Villa. Como se sabe,desde meses atrás hombres de negocios prominentes de Parral se reunían en el hotel Imperial con el propósito de planear un atentado. Contrataron a Melitón Lozoya, quien tenía cuentas pendientes con el general. Él se encargó de buscara  los futuros asesinos.

Aquellos hombres contaban con la aprobación del general Joaquín Amaro, quien había luchado contra Villa. Según se ha podido establecer, estaba involucrado el gobernador de Durango, José Agustín Castro, quien también había combatido contra Villa, aunque la orden provenía del propio Plutarco Elías Calles. El secretario de Gobernación había contado con la anuencia del Presidente de la República Álvaro Obregón.

De los asesinos materiales, uno murió el día del crimen y sólo Salas Barraza fue apresado. Estuvo ocho meses en prisión y fue indultado. Los otros no pisaron la cárcel.

Villa había dicho en repetidas ocasiones: “Parral me gusta hasta para morirme”. Así fue.





Jesús Salas Barraza:el asesinato de Francisco Villa.


Al comenzar el mes de julio de 1923, el grupo estaba completo y era conformado por Melitón Lozoya, Jesús Salas Barraza, José Barraza, Juan López Sáenz Pardo, José Sáenz Pardo, Librado Martínez, Román y José Guerra, y Ruperto Vera. Recibían recursos económicos, apoyo material y pertrechos militares a través de Gabriel Chávez y esperaban el momento oportuno para actuar. El complot tenía carácter local y personal, sin embargo, el plan fue conocido en la Ciudadde México por el presidente Álvaro Obregón y por el futuro candidato presidencial, Plutarco Elías Calles. Con autorización de Obregón, Calles llamó al coronel Félix C. Lara, jefe de la guarnición de Hidalgo del Parral-población cercana a Canutillo- para garantizar la impunidad de los futuros asesinos.

Los asesinos eligieron Parral para llevar a cabo la emboscada. Villa solía visitarel viejo pueblo minero, ubicado en Chihuahua, por razones amorosas –una más desus mujeres, Manuela Casas, vivía en él- y para atender negocios particulares.La traza del pueblo era en sí misma una trampa. Para atravesarlo de extremo a extremo no había más alternativa que circular por la Plaza Juárez, era laúnica ruta posible y la que comúnmente seguía Villa al salir de su casa,ubicada a unas cuadras de la plaza. La suerte sonrió a los asesinos. En los primeros días de julio rentaron dos cuartos, el número 7 y el número 9 de la calle Gabino Barreda que hacía esquina con la calle Juárez, exactamente en la plaza principal. Desde las ventanas de ambas habitaciones podía observarse cualquier vehículo circulando de frente. Sólo era cuestión de esperar el momento oportuno.


Por distintos motivos, entre ellos asistir a un bautizo y dictar su testamento,Villa viajó a Hidalgo del Parral unos días y dispuso su regreso a Canutillo la mañana del 20 de julio de 1923. Hasta la puerta de la casa ubicada en la callede Zaragoza, llegó Miguel Trillo, secretario y amigo de Villa, a bordo de su automóvil Dodge Brothers. Uno de los nueve hombres, un vendedor de dulces, se colocó sobre la calle Juárez. Al divisar el vehículo de Villa, tenía como encomienda quitarse el sombrero con la mano derecha o con la izquierda, con el fin de indicar a sus compañeros qué lugar ocupaba Villa dentro del automóvil.

En las habitaciones 7 y 9 de la calle Gabino Barreda aguardaban los asesinos.En cada uno de los cuartos se apostaron cuatro tiradores, habían derribado parte de la pared que los dividía para tener mejor comunicación. En la parte posterior del inmueble aguardaban los caballos preparados para la huida. A las 08:06 horas, los asesinos vieron la señal de su compañero. Es la hora en que los niños pasan a las escuelas, pero la ciudad tiene un aire extrañamente misterioso; no hay policía de resguardo y los soldados de la guarnición han salido a revista a las afueras de la ciudad, no obstante estar todavía lejos el último del mes, en que ésta se realiza, por reglamento. Pero a pesar de este detalle, nada impresiona a Villa de aquel conjunto de circunstancias.

Villa conducía el vehículo, así que todos debían hacer la primera descarga sobre el asiento del conductor; luego, fuego a discreción. El automóvil avanzaba lentamente por la Calle Juárez, casi para llegar a la Calle Gabino Barreda,tuvo que frenar para pasar una zanja. Había llegado la hora. Los proyectiles deshicieron el parabrisas y fueron a impactarse sobre los cuerpos de Villa y de su lugarteniente y amigo, Antonio Trillo.


Al sentir los primeros disparos, Villa soltó el volante y el auto se impactócontra un fresno. El cadáver de Trillo quedó colgando de cabeza en la portezuela derecha, el cuerpo del centauro recargado sobre el respaldo de su asiento. El auto recibió 150 disparos. Los asesinos dejaron las habitaciones,cortaron cartucho y frente al automóvil dieron el tiro de gracia a Villa y a sus compañeros. Su mano derecha quedó en actitud de sacar la pistola. Tenía las dos manos heridas, el cráneo y la cara perforados. Luego, los ejecutores  tomaron sus monturas y salieron huyendo.

La gente del pueblo se reunió súbitamente en torno al automóvil. Nadie daba crédito a lo que había sucedido. El vehículo mostraba tremendos boquetes en diferentes partes de la carrocería, rastros de la masacre.


Los cadáveres de Villa, Trillo y el resto de sus acompañantes fueron llevados al Hotel Hidalgo, propiedad del Centauro, ahí fueron fotografiados, preparadosy arreglados para el sepelio. En la autopsia difícilmente se le reconoció el corazón, por haber quedado como papilla, a causa del efecto destructor de las balas expansivas empleadas en el asalto.

En poco tiempo, Jesús Salas Barraza, uno de los victimarios, fue detenido, juzgado y condenado a setenta años de prisión, junto con Melitón Lozoya. Sin embargo, un año después, en 1924, fue indultado. El magnicida incluso llegó a ser gobernador interino de Durango por algunos díasen 1929.

Durante los siguientes días, la prensa llenó sus páginas con distintas versiones de lo sucedido. Obregón y Calles se dijeron sorprendidos por loocurrido. El presidente ordenó una “exhaustiva investigación”, tan exhaustivacomo la ordenada cuando asesinaron a VenustianoCarranza  tres años antes, en Tlaxcalantongo (Puebla).



Pancho Villa había dispuesto que lo enterraran en un mausoleo, en la ciudad deChihuahua, pero terminó en el cementerio de Parral, donde tres años después su tumba fue profanada y su cabeza robada. La historia es truculenta: ÁlvaroObregón le pide a Francisco Durazo que le entregue la cabeza del cadáver. La encomienda es macabra: ir al cementerio, cavar la tumba y cortarle la cabeza a Pancho Villa. Elpidio Garcilazo, sobre el que recae semejante tarea, en Parral,se arma de valor con una tropa de aterrorizados zapadores que llevan una botella de alcohol para desinfectarse. Tienen tanto miedo que, a la mitad de la excavación, ya se están tomando la botella. Otras versiones afirman que en realidad, Garcilazo vio un letrero donde se ofrecía una cuantiosa recompensapor la cabeza de Villa, y lo había tomado literalmente.


A la hora de cortarle la cabeza uno termina por herir a otro. Luego, en lafuga, otro más se machuca la mano con la puerta del automóvil. Entregan lacabeza de Villa envuelta en una camisa sucia, y así la recibe Garcilazo, que la esconde debajo de su cama. En una de las versiones de este hecho se dice que Emil Holmdahl, un estadounidense que había combatido con Villa y luego contraél, tras su invasión al territorio estadounidense en Columbus, estaba en Parral para pagar $50,000.00 dólares por la cabeza.



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