sábado, 20 de julio de 2013

CUENTOS E HISTORIAS PARA LA TERNURA. La historia de este día domingo 21 de julio del 2013.








Amigas y amigos

Les envío un extracto de esta historia que apareció publicada en el suplemento Del Campo, del diario La Jornada. Me parece bella e interesante, pertenenciente a uno de los pueblos de nuestro país. Espero que les guste. Un abrazo.


LOS ÚLTIMOS CHAPAREQUES


Gustavo Palacios Flores.

Hubo una vez un tiempo cuando Onorúame (Dios, “el que es padre”) habló a los rarámuri (tarahumaras) y les encargó el cuidado de los equilibrios del mundo. En esa gran encomienda, el apego a la ética grupal, al trabajo y a la ayuda mutua, a la música y la danza, entre  otros elementos, tendría un papel vital. Desde entonces y hasta la fecha, han tenido que ajustar esa trascendente tarea para evitar la ruptura de los equilibrios que deben ser preservados por encargo divino. Como mediadores de las fuerzas que gobiernan la Tierra, las celestes y las de inframundo, los rarámuri se conciben como los “pilares del mundo”, aquellos en quienes descansan los fundamentos y delicados equilibrios que sostienen al universo.

Esta instrucción sagrada fue acatada celosamente por los rarámuri y a ello dedicaron sus afanes durante siglos, haciendo de la vida sencilla y de la lealtad  a los principios ordenadores  del mundo su mayor fortaleza y seña de identidad cultural. A ese tiempo ancestral pertenece un instrumento musical  que los tarahumaras  nombran chapareque, el cual forma parte del arsenal proporcionado por Onorúame para mantener en armonía el mundo.

Elaborado de un humilde quiote curvo de maguey, al cual se le agregan cuerdas, que en el pasado eran elaboradas con tripas de animales como el zorrillo y que en la actualidad son metálicas, el chapareque es un arco musical cuya singularidad consiste en que la boca, al posicionar uno de sus extremos, es utilizada como caja de resonancia y moduladora  del tono  y la armonía de los sonidos que producen  los dedos al tocar las cuerdas. Con una aparente sencillez interpretativa, el chapareque refiere  y evoca  la relación profunda que guardan los rarámuri con lo sagrado y la naturaleza.